Ceuta amaneció este jueves con la dolorosa noticia del fallecimiento de Tony Mendoza, una figura muy querida en el ámbito musical y humano de la ciudad.
A los 75 años, Mendoza ha muerto en Algeciras, donde permanecía tras una larga enfermedad que en sus últimos años lo mantuvo inmovilizado en cama. Deja tras de sí a sus tres hijos, además de un legado artístico y personal difícil de olvidar.
La noticia ha causado una profunda conmoción entre familiares, amigos y quienes compartieron escenario y vida con él. Entre ellos, uno de sus amigos más cercanos, Manolo Alba, ha querido recordarlo públicamente, emocionado por la pérdida de quien considera no solo un compañero de música, sino un hermano de vida.
Para Alba, hablar de Tony Mendoza es hablar de una persona irrepetible: “Era una gran persona, un hombre al que quería todo el mundo”. Sus palabras, cargadas de afecto, retratan la dimensión humana de un artista que dejó huella mucho más allá de los escenarios.
Una vida marcada por la música

Tony Mendoza será recordado, ante todo, por su profunda vinculación con la música, terreno en el que desarrolló una trayectoria extensa, diversa y brillante. Fue fundador del grupo Sensación, formación con la que comenzó a consolidar un nombre propio dentro del panorama musical.
Su talento lo llevó también a actuar en numerosos escenarios fuera de Ceuta, incluyendo actuaciones en ciudades como Barcelona, donde continuó ampliando su recorrido artístico. Uno de los hitos más recordados de su carrera fue su victoria en el Festival de la Perla del Mediterráneo, donde conquistó al público con la canción ‘Un hombre va’.
A lo largo de los años formó parte de numerosos grupos, además de desarrollar etapas como solista. También pasó por la formación Eclipse, dejando en cada proyecto la impronta de su voz, su carisma y su liderazgo natural.
El recuerdo emocionado de un amigo
Manolo Alba, que compartió con él escenarios y amistad durante décadas, rememora con especial emoción los años vividos junto a Mendoza. “Yo tuve la suerte de tocar con él; tocaba el bajo en su grupo”, recuerda, evocando una etapa de complicidad musical y personal.
Pero más allá del artista, Alba insiste en la dimensión humana de su amigo: “Era el líder de cualquier grupo, una persona muy inteligente”. Su capacidad para unir a quienes le rodeaban y su carácter cercano lo convirtieron en una figura admirada y respetada dentro y fuera del ámbito musical.
La emoción quiebra la voz de Alba al hablar de quien fue su compañero desde la infancia: “Me emociono porque era mi amigo; tenemos la misma edad y nos criamos juntos”.
En esa frase se resume el vacío que deja Tony Mendoza: el de un músico admirable, sí, pero sobre todo el de un amigo entrañable cuya memoria seguirá viva en Ceuta.






