Ceuta volvió a volcarse con el ‘Desafío de los 300’. A volcarse y a revolcarse, por barro, mar e, incluso, por debajo de tanques, en una competición de gran exigencia que requirió de mucha fuerza, valor y pundonor para superar cada uno de los más de 30 obstáculos colocados en el entorno de la playa de la Ribera y sus alrededores.
14 kilómetros de recorrido en el que, como recordaron los más entendidos, correr con rapidez no es nunca la clave aunque un buen fondo físico siempre es fundamental. La colaboración y entendimiento entre los miembros de cada equipo es el secreto real de un evento en que, una vez más, hubo mucho esfuerzo que derrochar.
Sangre, sudor y lágrimas en un camino de pura exigencia
También de sangre, sudor y alguna que otra lágrima por parte de los más de 900 participantes que se dieron cita en esta novena edición. Los primeros en iniciar el camino fueron los binomios masculinos, seguidos de los femeninos y mixtos, antes de dar paso a la modalidad de trinomios.
Equipos que tuvieron que ir de la mano, en ocasiones de forma literal, para superar cada traba en forma de obstáculo localizado en el camino y recordar, de paso, el verdadero espíritu con el que fue creado el Desafío de los 300. Unión, compañerismo y sacrificio conjunto. Valores que definieron cada paso de una experiencia única en lo deportivo y social; de una carrera cívico-militar que destaca orgullosa como una de las más seguidas de la ciudad.
El público aportó el aliento
El público, después de todo, estuvo presente como protagonista estelar como parte de una competición que se entrelaza y fusiona con la vida de la ciudad. La Gran Vía se convirtió, por ejemplo, en el mejor recinto de gimnasio con el obstáculo de los ‘Monkey bars’. El salto de red, por otro lado, se situó en la plaza de África. Rincón al que también llegó la adrenalina del ‘Desafío de los 300’.
Otros obstáculos que aparecieron en el camino fueron, entre otros, el arrastre de vehículos en las murallas reales, o el castillo y los dados ya en la playa de la Ribera junto a la meta. Allí, al final, fue donde afloraron las emociones entre abrazos, conversaciones mezcladas con risas, reencuentros con familiares y amigos expectantes por escuchar, y algún que otro hombro de apoyo en el caso necesario para terminar de dar los últimos pasos hacia el final.
Momentos inolvidables y recuerdos eternos que siempre irán ligados a una competición que se despide, un año más, celebrando éxitos y superando expectativas. La principal, crear convivencia en torno al deporte y demostrar el potencial que tiene para ofrecer Ceuta como ciudad. Y si además, todo el mundo se marcha con una sonrisa dibujada en la cara, entonces ya no se puede pedir más.





