Ahora son las Murallas Meriníes las protagonistas de la denuncia pública por su estado. Septem Nostra y los vecinos de Villajovita se han unido en la exigencia de una acción inmediata tras descubrirse vertidos de aguas fecales, un socavón y varias deficiencias.
Si esto fuera una denuncia aislada no nos llevaríamos las manos a la cabeza, lamentaríamos únicamente la fatalidad de una política errática o abandonada en materia de patrimonio.
Pero lo grave es que llevamos meses sacando a la luz los atentados patrimoniales que se están produciendo con desprendimientos narrados por capítulos o pérdidas del patrimonio natural.
Los temporales han tenido que ver en parte, aunque me temo que se van a convertir en la excusa preferida para pedir dinero culpando a las borrascas de los males que más bien deberían atribuirse a la mala acción humana.
Si se tomaran más en serio la protección de lo nuestro otro gallo cantaría. Pero me da que las máquinas quieren llevarse por delante la historia y si con la inacción política se ayuda un poco... pues todos se van contentos a sus casas.
Es muy triste ver la pérdida gradual de auténticos símbolos de Ceuta o apreciar la degradación sin que cause las debidas alarmas entre quienes debiera.
Hoy son las Murallas Meriníes las protagonistas, pero antes tenemos una hilera de sucesos con mayor o menor gravedad que deberían haber causado sonrojo a los que tienen el mando. No es así.
Tiendo a ser mal pensada en casi todo, y en esto de dejar morir sin pudor alguno lo que tenemos la obligación de conservar hay una sola lectura: el interés.
No el de todos, el de unos pocos porque lo que no se puede tocar molesta, lo que debe protegerse impide los planes de otros. Mejor dejar morir, dirán.






