Heredamos la letra “A” de los fenicios que, a su vez, podrían haberla importado de un jeroglífico egipcio.
Para los fenicios, la “A” era Alep, la primera letra de su alfabeto, algo que adoptaron los griegos como Alfa.
La letra “A” es el inicio de nuestro alfabeto, esa sucesión de herramientas para comunicarnos sin fin.
La “A” es el comienzo, la máxima nota, la avanzadilla de las vocales y el origen del lenguaje.
La “A” es, seguida de la B y de la C, el camino básico para cualquier iniciativa, lo primero que conoce el alumnado o las tres premisas imprescindibles.
La “A” es el comienzo de todo y, en sí, es un todo. Para muestras, unas cuantas “A”…
“A” de Amor porque es un constante reiniciar de ilusiones o porque, como decía Leonard Cohen, “el Amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males”.
“A” de Abrazo, eso que, siendo tan necesario para dar vida, como los oasis en el desierto o sentir la Fraternidad, siempre demasiado poco practicado.
“A” de Avanzar a pesar de las tormentas de odio que soportan quienes tienen amaneceres en sus corazones.
“A” de Arte que siempre debe quererse libre para poder ser.
“A” de Acacia, que curiosamente rima con librepensar y es la utilizada para construir barcos como el que usaba Ra para atravesar las noches del inframundo, siempre buscando el nuevo día.
“A” de Apoyo que tan bien se combina con “mutuo” para resolver cualquier tipo de alambre de espinos.
“A” de Abrir, tanto mentes como conciencias para al fin, entender que en nuestras diferencias se encuentra nuestra igualdad.
“A” de Abdicar, como deberíamos hacer con esos pensamientos estrechos y excluyentes que nos castran, casi sin darnos cuenta, la posibilidad de seguir creyendo en la otra.
“A” de Abismo, como ese lugar en el que suele naufragar el estéril e insoportable dolor que nos provocan las injusticias.
“A” de Abrigo, como esos brazos que, envolviéndonos como una manta de cariño, nos protegen de todo viento de intolerancia.
“A” de Asombroso, al igual que la capacidad del ser humano de crear, imaginar, pensar, inventar…y también matar y autodestruirse. Todo depende de usted y de la voluntad de dejar que le lleven por un sendero, o por otro. Dicotomía social, le llaman.
“A” de Artificial como esa inteligencia que, si no lo remediamos, nos dirá lo que tenemos que hacer para mayor poder de las de siempre, sin que podamos rechistar.
“A” de Asustar que es la vieja táctica que aún funciona y que se emplea para que aplaudamos nuestros grilletes y pidamos que nos los cierren un poco más.
“A” de Abolir todos los privilegios, esos que encadenan a las de siempre a la miseria y al olvido.
“A” de Ausencia, esa que sangra por todas las heridas del alma y nunca tiene fin, por mucho que los sueños, estérilmente, se empeñen en mostrarte lo negro blanco.
“A” de Abandono, como en el que se tiene sumida a la mayoría de las habitantes del planeta que no han tenido la suerte de nacer en el centro del Edén.
“A” de Aportar, todas sin excepción, nuestra piedra al Edificio de una Humanidad libre e igual en derechos y deberes.
“A” de Absurdo, como ese tiempo que desperdiciamos sin decirnos lo mucho que nos faltamos y nos queremos.
“A” de Acuarela como la que me gustaría pintar con aguas del Estrecho y colores añil para poder hacer deslizar, sobre la tela, los atardeceres de tu ausencia.
“A” de Arrojar, ese verbo que utilizamos cuando queremos tirar al váter nuestra mala conciencia por olvidarnos de quienes deben ser recordados.
“A” de Acallar, una acción que siempre baila tentadora en la mente de las intolerantes que quieren poner cadenas al librepensamiento.
“A” de Abracadabra como manera de resolver, por Arte de magia, todas las mierdas que mantienen allá arriba a las que nunca se acuerdan de las de allá abajo.
“A” de Abreviar, la mejor manera de decir te quiero.
“A” de Anhelo, como el que debemos poseer para seguir teniendo la ilusión de continuar disfrutando de las albas y de los crepúsculos de la vida.
“A” de Alerta, como la que debemos mantener frente a la subida del nacionalismo, populismo, racismo, fascismo y cualquier otro “ismo” que no admita lo que afirma el Artículo Primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU:
“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.
“A” de Armamento que sólo debería existir en los diccionarios para catalogar las clases de besos que podemos lanzar.

“A” de Analfabetismo que, lamentablemente, pueblan nuestra Tierra, tanto en el sentido literal (781 millones, según la ONU) como, vergonzosamente, en el sentido figurado.
“A” de Arrebol como esos tonos rojizos que nos recuerdan que los corazones de las almas buenas también desparraman su magia sobre nubes y cielos cuando la luna le toma el relevo al sol.
“A” de Averno en el que me hundo cuando la larga pesadilla de tu migración me hace naufragar en las inmensidades de la nada.
“A” de Amistad, tan denostada aunque imperiosamente necesaria y, obviamente, relacionada con una forma de Amor incondicional e intemporal.
“A” de Asaltar que es el término que empleamos cuando llegan migrantes a nuestras tierras. Sin embargo, ese mismo verbo lo rebajamos a asuntos de interés meramente defensivos cuando se trata del interés Trump Imperator por países que considera vasallos suyos, directamente de su propiedad como Groenlandia, la UE y toda latinoamérica.
“A” de Alegría, como la que procura el sonido de las páginas de un libro o tu risa en esa foto.
“A” de Asilo, que nunca deberíamos negar.
“A” de Avanzar para continuar persiguiendo horizontes a diario.
“A” de Amanecer, que todas necesitamos y que daría la vida entera por verlo contigo, aunque fuese sólo una vez.
“A” de Abril, cuando el azahar transforma las calles y la fragancia del Sur conquista todos los nortes, geográficos y emocionales.
“A” de Aprender para no tropezar mil veces con la misma piedra autoritaria.
“A” de Ausencia que sólo y exclusivamente debería existir en el interior de los diccionarios.
“A” de Anunciar que existe otra forma de vivir que no sea la de pisotear a la de al lado.
“A” de Amparo a todas las personas en estado de vulnerabilidad. ¿Qué no podemos hacernos cargo aquí de todo el planeta? Bien, busquemos la manera de ampararles en su tierra de origen para que, entre otras cosas, no tengan que morir en el camino de alcanzar nuestras latitudes.
“A” de Anestesia con la que nos duermen la capacidad crítica. Como decía León Felipe “yo no sé muchas cosas es verdad, pero me han dormido con todos los cuentos…y sé todos los cuentos”.
“A” de Anormal, como quedarse impasibles ante las injusticias bajo el pretexto de que no nos conciernen.
“A” de Aldabonazo, que necesitamos para despertar y darnos cuenta de que nadie es más que nadie, ni menos.
“A” de Ateísmo que no es otra cosa que no creer en algo que nos dicen que existe, pero que nunca vemos.
“A” de Algoritmo, de los que esparcen mierda informativa y mentiras acumuladas en unas redes sociales cada vez más redes y cada vez menos sociales.
“A” de Amplitud, por ejemplo, de miras. Aprendamos a escuchar en lugar de gritar, a dialogar en lugar se imponer, a compartir en lugar de acumular y a ver en lugar de mirar.
“A” de Abusar, que es lo que permitimos que hagan con nosotras, pero “siempre por nuestro bien”.
“A” de Atreverse, que es lo que nos falta para deshacernos de los moldes y modos de empleo que nos asignan.
“A” de Abanderar, que es lo deberíamos hacer con sonrisas en lugar de con enseñas.
“A” de A .- (punto y raya) que en código morse nos encamina hacia una comunicación mágica e universal, desde Barcelona a Shanghái o de Ceuta a Baltimore.
“A” de Aislar, que es lo que solemos hacer con lo que nos molesta, como el dolor ajeno y propio, sin nunca buscar una solución.

“A” de Adoquín, como los que deberíamos utilizar para levantar barricadas contra la intolerancia y las intolerantes.
“A” de Antisistema, porque si el “sistema” permite y protege la explotación, el poder de las ricas a costa de las pobres y promueve la ley de la guerra, no podemos ser otra cosa que antisistema.
“A” de Abatir, lo que deberíamos hacer, de una vez y para siempre, con prejuicios y aporofobias varias (el miedo al pobre, como bien ya saben los lectores de este H2SO4.
“A” de Absolutismo, que nos somete, con más o menos lubricante, y con el que, al fin de cuentas, siempre nos toca perder.
“A” de Amnesia, que parece apoderarse de nosotras a la hora de pedir cuentas a las que mandan y a las que pretenden querer mandar.
“A” de Anarquía que, siendo la máxima expresión del orden, se ve relegada a las catacumbas de nuestros miedos por no querer pensar que otro mundo es posible.
“A” de Atípico, como este Vitriolo que, en esta ocasión, ha querido explotar su ácido hacia las profundidades de nuestro interior.
Y… “A” de A Ti, porque, para mi, eres Alfa y Omega. Siempre lo has sido, siempre lo serás por mucho que los temporales azoten el Estrecho o que se sucedan los atardeceres en Benzú sin Ti.
Y en esas estamos.
Andamos todas con muchas “A” a cuestas, con muchos inicios abiertos, y otras tantas ilusiones constantemente abordadas, que buscan su camino navegando por los meandros de lo que, las demás, siempre tildan como utópica y/o imposible.
Pero quizás tengamos que, a partir de ahora, reconsiderar la letra “A” como el primer escalón de muchos alfabetos para pasar a considerarla como nuestro comienzo de todo.
Que la “A” sea el primer punto de nuestra lista de prioridades y, al fin, entendamos que, si varias civilizaciones han adoptado la misma letra para iniciar un código de comunicación, es que tan diferentes no somos unas de otras. Por mucho que quieran hacernos ver lo contrario.
Empecemos, pues, a alejarnos de dogmas e ideas prefijadas para comenzar a pensar que, porque somos, estamos y podemos. A partir de ahí, el resto será mucho más fácil de recorrer.
Usted, como siempre, sabrá lo que más le conviene, pero como en este H2SO4 que se sale de su propia línea editorial, usted, y sólo usted, puede empezar a comprender que, si la “A” es el inicio, el desarrollo y final será sólo y exclusivamente el que usted decida elegir.
Tal cual.
Nada más que añadir, Señoría.
(Fotos del autor)







Sospechosamente, Germinal, se te ha olvidado un -ismo que no es otro que el COMUNISMO, susutituido por "y cualquier otro -ismo que no admita lo que afirma el Art. 1º de la Declaración de los DDHH de la ONU". Por otro lado, la ONU no está para tirar cohetes. Y observo que sigues utilizando el pronombre femenino cuando te incluyes. ¿Por qué si perteneces al sexo masculino?