Feliz Navidad, felices fiestas, felices pascuas, feliz y próspero año nuevo, felices reyes y que no te traigan carbón, que tengas buen roscón.
Te deseo lo mejor, que se cumplan todos tus deseos, toda la felicidad para ti, que tus sueños se hagan realidad, que el año que viene sea el mejor de tu vida. Brindo por ti, te mando un abrazo, doce besos. Espero que encuentres lo que buscas y que lo malo se vaya ecopeteado. Te quiero, te adoro y te compro un loro.
¡Qué EMPACHO! Recibir cientos de mensajes; la mayoría copiados (además te indica la aplicación que es reenviado). Y uno, y otro, y otro, y venga pitar el teléfono, y un "pincha aquí" y te sale un Papá Noel, un reno, un paisaje nevado, unas campanas y un letrero que dice tu nombre.
Y luego otro EMPACHO: el derroche, los regalos que son descambiados, la comida que sobra, el discurso del rey como un mantra inaguantable, las calles iluminadas hasta más no poder. A ver qué ayuntamiento lo tiene más grande (el árbol, el belén. El Niño Jesús o el buey).
Dulces, turrones, roscones, mantecados, polvorones, frutas escarchadas, uvas, bragas rojas y calzoncillos rojos para tener suerte.
Ahora toca esperar a los Magos que nos traerán los regalos.
Si Jesucristo volviera volvería a latigar a esta sociedad, convertida en mercaderes en el templo de Dios.






