Desde la protectora volvemos a denunciar una realidad que se repite cada año y que ya no admite más excusas. Los fuegos artificiales y la pirotecnia provocan un sufrimiento grave y evitable en animales domésticos y fauna urbana. No hablamos de molestias puntuales. Hablamos de pánico real, de animales desbordados por el miedo y de consecuencias que, en demasiados casos, son irreversibles.
Para la Protectora, cada episodio de pirotecnia deja el mismo rastro, perros y gatos que se escapan aterrorizados, que rompen correas, saltan vallas o se tiran por ventanas y terrazas intentando huir del ruido. Animales que llegan con fracturas, heridas graves, crisis de ansiedad, temblores incontrolables, estados de shock o infartos. Algunos no llegan a tiempo. Otros sobreviven, pero con un miedo que se cronifica y empeora año tras año.
Esto no es exageración ni falta de educación. Es una respuesta neurológica automática ante explosiones imprevisibles que el cerebro interpreta como una amenaza vital. En ese estado, el animal no razona ni se calma porque alguien se lo diga. Solo intenta escapar. Y en una ciudad, esa huida suele acabar en atropellos, caídas o desapariciones.
Desde la Protectora vemos las consecuencias directas cada vez que hay fuegos, saturación tras noches de pirotecnia, llamadas desesperadas de familias buscando a sus animales, voluntariado recorriendo calles y montes de madrugada, animales que ingresan y ya no vuelven a ser los mismos. Esto no es una excepción. Es un patrón que se repite y que se conoce.
Pero este problema, no afecta solo a los animales. También queremos recordar a las personas con autismo, con hipersensibilidad sensorial, personas mayores, bebés y personas con trastornos de ansiedad, que sufren de forma intensa estos ruidos. Familias que se ven obligadas a encerrarse en casa, a medicar, a soportar episodios de angustia perfectamente evitables. La pirotecnia no es inocua. Tiene impacto social, sanitario y emocional.
Durante años hemos intentado cambiar esta realidad desde la sociedad civil, campañas de concienciación, acciones en la calle, difusión, presión social y propuestas claras para acabar con la pirotecnia y los fuegos artificiales ruidosos y apostar por alternativas seguras y respetuosas. No es una moda ni una ocurrencia puntual. Es una reivindicación sostenida y compartida por cada vez más ciudadanía.
En Ceuta no estamos ante un debate menor ni ante una cuestión de gustos. Estamos ante un problema de salud pública, bienestar animal y convivencia que se conoce desde hace años. Lo que falta no es información, es voluntad de actuar.
Cada vez que se autoriza pirotecnia se asume, de forma consciente, que habrá animales perdidos, heridos o muertos, personas que lo pasen mal en sus propias casas y familias enteras atrapadas por el ruido. Eso no es inevitable. Es una decisión política.
Desde la Protectora llevamos tiempo haciendo lo que otros no hacen, informar, insistir, proponer alternativas y movilizar a la ciudadanía. Por eso hemos impulsado una recogida de firmas en Change.org para exigir el fin de la pirotecnia y de los fuegos artificiales ruidosos en nuestra ciudad. No es un gesto simbólico, es una forma clara de decir que Ceuta puede y debe hacerlo mejor.
Pedimos a la ciudadanía que firme, que se implique y que deje claro que no quiere seguir pagando las celebraciones con miedo, sufrimiento y consecuencias evitables. Y pedimos a las instituciones que dejen de mirar hacia otro lado y asuman su responsabilidad.
Aquí no hablamos de tradición ni de ocio.
Hablamos de decisiones. Y las decisiones tienen consecuencias.






