La anhedonia es la incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades.
La apatoabulia combina la apatía (indiferencia emocional) y la abulia (falta de voluntad o motivación). No solo carece de la voluntad para actuar, sino que tampoco experimenta respuestas emocionales ante estímulos que antes le resultaban interesantes o placenteros. Es un estado de apatía y de incapacidad para tomar decisiones.
Así lo hablaba con dos colegas, compañeras de profesión. Dos filósofos y una filósofa apatobúlicos y anhedónicos. ¿Qué nos pasa? Ya no nos emocionamos, nos da igual ocho que ochenta, hacemos de la indiferencia un cúmulo de situaciones a la que no damos salida. No estamos ni alegres ni tristes, ni satisfechos ni insatisfechos, ni sentimos ni padecemos.
Veo a Trump haciendo una discoteca en la Casa Blanca, un robo en el museo más seguro del mundo, Mazón echándole la culpa a todo bicho viviente, el genocidio, el expresidente de la República francesa en la cárcel, el tema de las mujeres esperando las pruebas del cáncer en Andalucía...
A ver si tomamos un café, qué alegría de verte, estás más delgado, quedamos y te cuento, ahora mismo la Navidad ¿Cuándo abre el parque de perros? Hay que echar a los emigrantes que todos tienen paga y puso ¿Sabes que me jubilo? El sábado cambian la hora, a ver si me toca el Euromillón, voy a sacar al perro ¿Sabes que se murió el castañero? Zapatero, hijo de puta, me gusta la fruta, nada como un bocata de las balsas ¿Se presentará Vivas a las elecciones?
Y llega un momento en el que te mueves en círculo: nada te llena, no esperas a nadie, te abrazas a la almohada, dejas la tele encendida y la radio puesta, comes de pie pan y embutido, te abres un sobre de sopa y te da por zampar te 4 bolsas de pipas haciendo zaping en el Netflix.
No asistes a conferencias, no lees libros, vas a trabajar con desgana, te quedas dormido después de estar 4 horas en el móvil, te es lo mismo caer bien o mal, ya no asistes al cineclub de la biblioteca y te aburren las conferencias.
No estás mal ni bien, vives sin vivir, no sabes si algo te produce gracia o una pena absoluta.
¿Qué nos pasa? ¿Estamos muertos y vamos a casa del forense para que nos diga algo sobre nuestro cadáver? Paseamos por las funerarias pues hay una oferta de ataúdes.
Siempre es lo de siempre, nunca eso de nunca.
Amanece, oscurece, lunes, martes, miércoles... Enero, febrero, las campanadas del 31 de diciembre, el discurso del rey en nochebuena, el novio de Ayuso, los chistes sin risas y los programas de éxito hablando de cuernos, culos, tetas, gritos y glamour.
Y yo escribiendo el cañonazo como ayer, como mañana y como todos los días.
La ANHEDONIA Y la APATOBULIA es la caverna de Platón: atados en la oscuridad, viendo sombras, escuchando el silencio en la profundidad de la cueva.
Soy un zombi que no quiere salir de la tumba.







A mí también me pasa eso exactamente