Agentes de Aduanas destinados en el paso fronterizo marroquí, contando con apoyo de efectivos policiales de Marruecos destinados en Bab Sebta, han detenido este jueves a un hombre cuando entraba en Ceuta con 243 kilos de hachís escondidos en la furgoneta que conducía.
La droga estaba escondida dentro del vehículo modelo Ford Transit, que había sido transformado en un habitáculo para esconder sustancia estupefaciente con la pretensión de burlar los controles.
El marroquí implicado en estos hechos, de 51 años de edad, ha quedado privado de libertad mientras se investiga su relación con redes de narcotráfico para organizar el traslado de drogas.
Dónde escondía la droga
El hachís estaba cuidadosamente colocado en compartimentos laterales del vehículo, en un intento por desviar la atención sobre la carga ilegal y ocultar las sustancias prohibidas.
El conductor, que viajaba solo en el vehículo, fue detenido y puesto a disposición de la Brigada Regional de la Policía Judicial mientras que el vehículo y la narcótica sustancia quedaron intervenidas para su posterior destrucción.
Bab Sebta, la puerta de la droga
El lado marroquí de la frontera del Tarajal se ha convertido en un punto negro para el tráfico de estupefacientes, en puerta de la droga que intenta entrar en Ceuta procedente del vecino país bien escondida en vehículos o bien en cuerpos de personas que ejercen de mulas.
En Bab Sebta se han repetido cuantiosas operaciones antidroga este verano, que se han saldado con la localización de alijos de hachís escondidos en coches que buscaban acceder a Ceuta.
Es una ruta constante de narcóticos, una guía que no se rompe y en la que cada vez más se repiten estos saldos clandestinos. No solo se trata de hachís, sino también de pastillas e incluso de cocaína. Un comercio continuado y constante que se hace fuerte -o eso pretende- entre fronteras.






