Ceuta despide con profundo pesar a Francisco Ruiz Ariza, quien falleció a los 83 años, dejando un vacío irreparable en su familia, amigos y en todos los que lo conocieron. Vecino de toda la vida de la barriada de Villajovita, fue mucho más que un camarero querido: fue un ejemplo de generosidad, humildad y amor incondicional hacia los suyos.
Durante su vida profesional, Francisco trabajó en algunos de los locales más emblemáticos de la ciudad: la cafetería El Delfín Verde, La Jota y el bar Lusitano.
Es especialmente recordado por su paso por El Delfín Verde, donde dejó huella en varias generaciones de ceutíes. Su última etapa laboral la vivió en el bar Lusitano, donde finalizó su trayectoria antes de acogerse a la prejubilación.
Quienes lo trataron coinciden en destacar su educación, discreción y actitud servicial. Era de esos hombres que “no hablaban por no molestar”, pero cuya presencia se hacía notar por la paz que transmitía y la bondad que irradiaba en cada gesto.
Francisco, un pilar incondicional para su familia
Francisco formó una familia ejemplar junto a su esposa Teresa Postigo, con quien compartió toda una vida de amor y complicidad. Juntos fueron padres de Carlos, Paqui y Teresa, abuelos de Tamara, Kevin, Samuel, Francisco y Sufian, y bisabuelos de siete bisnietos, entre ellos Nagore, con quien Francisco compartía un lazo especialmente profundo.
Fue para sus nietos Tamara y Kevin más que un abuelo: fue un segundo padre. Siempre estuvo presente para ellos, sobre todo en los momentos más difíciles. Acompañó a su bisnieta Nagore cuando, con tan solo cuatro meses, fue sometida a una delicada operación de corazón. Hoy, con 13 años, ella sigue llevando consigo el amor incondicional de su bisabuelo, que jamás dejó de cuidar de los suyos.
Generoso y desprendido, Francisco nunca escatimó esfuerzos ni recursos para hacer felices a sus nietos. Aunque vivía de su pensión de camarero, no dudaba en compartirla con quienes más quería. Porque para él, la verdadera riqueza estaba en su familia.
Un hombre sencillo, deportista y con alma grande

Además de ser una persona entrañable, tal y como relata su familia, Francisco sorprendía por su vitalidad. Sin importar su edad, se mantenía activo y salía a correr por Benzú, demostrando que el espíritu joven no tiene fecha de caducidad. Su amor por el deporte y por la vida era solo una muestra más de esa energía contagiosa que lo definía.
En los últimos tres meses, Francisco afrontó con entereza y dignidad la dura noticia de un cáncer. Aun con fuertes dolores, jamás se quejó. Su familia lo vio resistir con la misma humildad de siempre, sin dramatismos, sin exigencias… simplemente siendo él: un hombre fuerte, silencioso, valiente.
Ceuta pierde a una figura entrañable, un camarero de los de antes, un hombre de barrio, sencillo, de los que se ganan el cariño sin pedirlo. Su legado no está solo en los recuerdos, sino en los valores que sembró en cada miembro de su familia y en las muchas personas que lo trataron a lo largo de su vida.
Un velatorio rodeado de sus seres queridos
El velatorio se llevará a cabo rodeado del amor de su gente, en una despedida sencilla, como él hubiera querido. Pero Francisco Ruiz Ariza no se va del todo. Permanece en las conversaciones de quienes lo recuerdan tras una barra de café con una sonrisa amable, en los abrazos de sus nietos y bisnietos, y en la memoria viva de un barrio que nunca lo olvidará.
A quienes lo conocieron, les queda el consuelo de haber compartido vida con un hombre increíble, que vivió con humildad, amó sin medida y dejó una huella imposible de borrar.
Descansa en paz, Francisco. Tu bondad sigue aquí.







Lo recuerdo del defin verde con Manolo,era muy profesionales,de los de antes,siempre con un trato a la clientela amablemente.
DEP.
D.E.P. Fuerza a la familia.
Nunca dejo de sonreír, amable, cordial muy atento para una profesión muy poco valorada por los consumidores.
Mi más sincero pésame que gran persona era siempre se nos van los mejores. Tendrá su sitio en el cielo. Un abrazo a toda su familia.