Mientras decenas y decenas de magrebíes se echan al mar para escapar de Marruecos, su rey se deja ver sobre moto de agua y rodeado de escoltas cerca de las playas del norte.
Desde los arenales hay quienes le aplauden, lo hacen en el mismo espacio temporal en el que otros buscan zafarse de la vigilancia para enfrentarse a una más que probable muerte.
Son imágenes tan opuestas como hirientes. Son muchos los muertos y desaparecidos en la ruta hacia Ceuta. Jóvenes cuyos cuerpos son recuperados sin vida en el mar y que ni siquiera pueden ser identificados debido a su deteriorado estado, dejando a las familias sin una posibilidad de despedida.
Ayer mismo un pesquero de Rincón hallaba el cuerpo sin vida de un joven que quedó atrapado en sus redes.
Aquí, en Ceuta, se han enterrado a jóvenes sin presencia siquiera de su madre porque no le han permitido cruzar la frontera. Jóvenes que huyeron de Marruecos al no ver futuro ni posibilidad de salir adelante. Personas que demuestran que algo se ha quebrado en este país para que tantísima gente no encuentre otra opción de vida que dejar atrás sus raíces.
Esto sucede en un país en el que la imagen de su rey en moto de agua choca directamente con esa misma jornada en la que decenas y decenas de adultos, pero sobre todo niños y niñas, optaban por echarse con lo puesto al mar con tal de cruzar a este lado.
Nada cambia cada verano, ni siquiera las conciencias adormecidas de quienes deberían alzar su voz.







Es curioso que llevando el rey una vida de ostentación y estando la mayoría del pueblo marroquí en una situación de pobreza, le aplaudan al verlo en vez de abuchearlo. Es difícil de entender.
Será cuestión de cultura o religión. A lo mejor muchos en sus casas rajan del rey y no lo pueden ni ver, pero luego delante de otras personas no son capaces de decir nada en contra por miedo a las consecuencias.
El discurso de muchos marroquíes cuando llegan a España es que Marruecos ruina, pero luego si van allí de visita Marruecos y su rey es lo mejor.
Es imposible razonar con ellos.
Les repiten una y otra vez desde las mezquitas que el Comendador es una pequeña divinidad en la tierra que no puede cuestionarse.
Da igual que uno de sus hijos se mueran en el mar, como buenos esclavos aman al faraón divino.
Lo peor es que muchísimos ceutí de origen en Marruecos son incapaces de hacer una crítica al caudillo comendador.