Dicen los del PP que las ciudades de Ceuta y Melilla “no pueden esperar más”. Tal es así que han registrado una moción para exigir al Gobierno de España que tome medidas para, por ejemplo, elaborar el plan integral de seguridad.
Como buenos pájaros, aprovechan esa teoría explotada por algunos medios de comunicación y formaciones políticas basada en que nos van a invadir, para colar este mensaje justo en este preciso momento.
Pasito a pasito sueltan perlas buscando que calen en un ciudadano proclive a dormir entre los brazos de unos expertos asustaviejas.
Para eso el PP es el número 1, para ejercer una guerra psicológica aprovechando los viejos miedos que nunca, me temo, se erradicarán en una generación recelosa de despegarse de ciertos clichés.
El PP hace bien en exigir, de hecho, como partido en la oposición es su deber. Lo que resulta insultante es que juegue a ofrecer recomendaciones y dar lecciones cuando arrastra un pasado de nula implicación en asuntos básicos para esta ciudad que influían directamente en la seguridad.
Con el PP no solo las crisis con Marruecos eran constantes, sino que además se mantenían problemas estructurales como los relacionados con una frontera caótica e impracticable, en donde las avalanchas, las colas, los bloqueos y las muertes se repetían demasiado.
Todo eso, lo que no supo o no quiso arreglar cuando gobernó, es lo que ahora debe recordar el PP. Es cuestión de honestidad con uno mismo y con los demás. Es cuestión de respeto.
“El bienestar de los ciudadanos de Ceuta y Melilla no puede depender indefinidamente de promesas incumplidas”, argumentan.
Les ha faltado especificar de cuántos años de incumplimiento estamos hablando y de qué soluciones dieron ellos, porque precisamente en Ceuta asistimos a un constante día de la marmota sin arreglo.







Pues claro, todo es un paripé.
Mientras tanto cobrando a lo grande.