Nos cuentan que el bajo nivel de reciclaje de vidrio en Ceuta es por la escasa concienciación social. Ni aunque uno quisiera estar implicado en unas labores necesarias para todos y para generaciones venideras, podríamos hacerlo en una ciudad que ha apostado por el reciclaje solo en los papeles.
Para reciclar hay que tener contenedores en todos los barrios, depósitos específicos para separar según lo que se eche. No los hay. Pero no en barriadas aisladas, no. No las hay en casi ninguna.
La política de reciclaje que enseñamos a nuestros hijos difícilmente se puede poner en práctica cuando hay zonas en las que hasta faltan contenedores. Y en las que sí los hay, y suficientes, no son específicos para recogida de restos concretos.
Ahí radica el origen del problema. No hay concienciación, pero, de haberla en buena parte de la población, no se puede poner en práctica.
Las administraciones no se han preocupado en ordenar esa política de recogida, en diferenciar no solo los depósitos sino la recogida selectiva, ya que de nada vale separar si luego todo se va a juntar.
Los contenedores soterrados funcionan en muchísimas ciudades, aquí solo se han hecho experimentos que además no resultan lo útiles que debieran.
La administración debe recapacitar en su política medioambiental, una política ausente que ha sido colocada como un apéndice de otras consejerías cuando es una de las más importantes.
Al mismo gobierno que vende una economía azul e inteligente se le olvida que tiene una asignatura suspensa de hace años.






