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El hombre que tenía cinco pisos

Por Carlos Antón Torregrosa *
24/05/2025 - 04:15
panoramica casa ceuta
Imagen de archivo

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La historia se escribe de muchas maneras y desde distintas perspectivas. Juzgamos, nos quedamos con fotos fijas, con números, con datos; pero detrás de ellos existe una realidad que en nada coincide con la estadística sesgada y engañosa de interpretaciones auténticas.

Yo tuve cinco pisos. ¿Cómo es posible que me declare solidario, de izquierdas, nada materialista, luchador contra la especulación y enemigo del capitalismo y pueda tener cinco pisos?

Os contaré que casi siempre he compartido casa aunque me gusta vivir solo en el orden de mi desorden y rodeado del caos de no tener ninguna cosa en su sitio.

Compartí vivienda cuando era estudiante, ahí no quedaba más remedio. Cambié tres veces de vivienda y de compañeros de piso por causas de todo tipo.

Comencé a trabajar pero mis primeros sueldos no daban para pensar en vivir solo. Málaga no permitía gozar de ese lujo cuando el curro es inestable y no puedes hacer previsiones de futuro.

En Cádiz más de lo mismo: el precio de las casas por las nubes y tener que pagar 850 euros implicaba buscar irremisiblemente compartir gastos.

En San Fernando y, después de algunos años, me planteé adquirir una vivienda de protección oficial aunque sabía que la vida de interino no te aseguraba nada y que de un año a otro podría recorrer andalucía de punta a punta. Tenía dinero para poder pagar el piso al contado sacando partido a los ahorros, de la famosa " librera vivienda" que desapareció de la oferta bancaria, de las ayudas de la Junta de Andalucía y del Estado.

Ya era propietario, pero como uno no pierde la memoria seguí pensando en los colegas que llegaban al instituto sin tener un techo, sin un duro y por poco tiempo. La idea de andar por mi reino de 70 metros cuadrados conmigo mismo volvía a esfumarse.

La solidaridad era lo más importante. Estando destinado en Algeciras se convocaron oposiciones en Ceuta y allí que me fui para pasar dos días y ya llevo 22 años, a muy poco de ser jubilado y retirarme a otros menesteres vitales.

Villajovita sería mi nuevo barrio y fui feliz habitando durante 5 años en dos apartamentos pequeños. El sueldo de Ceuta para un currante peninsular es como el sueldo de Nescafé. Podía vivir a mis anchas aunque mi casa parecía el "Carlos acoge" una ONG que daba cuartelillo por unos días a profesores recién llegados y algo descarriados en esta ciudad de los prodios.

Mi buen amigo Luís Carlos se iba a quedar para un mes y completó el curso entero. Sus historias de sus años en la India, del budismo, de unos ayunos tremendos y su manera de enfocar la docencia hicieron que el apartamento de dos habitaciones y dos aseos fueran el palacio del rey Midas.

Visto que los ahorros aumentaban adquirí mi segundo piso en Parques de Ceuta, segunda fase. Las vistas al mar acostado en el sofá llenaban las ausencias interiores que me han acompañado toda la vida.

Pensé en invertir en un tercer piso, esta vez en mi pueblo. Compré mi madre y mis tíos una casa que heredaron de su hermano, mi tío carlitos. Hacerlo fue pensando en mi hermana que andaba muy mal económicamente. Se lo podría alquilar por una cantidad simbólica e incluso hacerle una donación. Cuando preguntamos al notario los impuestos de la donación en vida suponía 12.000 euros aparcamos la opción.

Ya, debido a un trastorno bipolar y estando en una fase de euforia caracterizada por un estado de ánimo extremadamente elevado, acompañado de una energía eufórica, pensamientos acelerados y una gran actividad, llegó el cuarto piso. Esta vez en el edificio Ara Coeli.

"La pandemia, la baja laboral, el miedo, el pánico a salir a la calle y la muerte de Manolo me llevó a tener que compartir de nuevo una casa durante tres meses"

Me costó Dios y ayuda convencer al banco: nóminas, propiedades y alquileres y la euforia desmesurada fue el caldo de cultivo para meterme en un terreno peligroso que puede llevarte a la ruina mental y física.

Los alquileres eran muy baratos. Los inquilinos encontraron un propietario marxista que ponía todas las facilidades habidas y por haber. Me gasté un potosí en camas, colchones, neveras, arreglos, pintura.. "pedir y se os dará era mi lema".

Mi quinto piso me hundió en una depresión que me llevó al hospital. Tenía 55 años y perdí las riendas. El inquilino fue un estafador que dejó de pagarme todo: alquiler, agua, luz, comunidad, garaje.. una mentira tras otra me llevó a descubrir la verdad: un okupa con contrato.

Vivía al día cobrando 4.000 euros y teniendo 5 pisos. Manolo, mi compañero y mi amigo me recogió en su casa cuando comenzó la fase bipolar de la disforia y pensaba que sería el final de mi existencia.

La pandemia, la baja laboral, el miedo, el pánico a salir a la calle y la muerte de Manolo me llevó a tener que compartir de nuevo una casa durante tres meses.

Vendí la de Parques de Ceuta por lo que me había costado y la de San Fernando por un precio democrático; quería que esa casa pasara a alguien que empezaba a tener su primera residencia y que tuviera la oportunidad que a mí me dieron.

Puse las otras dos casas en venta, dos de ellas con alquiler con derecho a compra.

Llevo 4 años en la Calle Alfau; las demás viviendas las tengo vendidas en unas condiciones de tiempo y dinero que el propio Marx le hubieran parecido desfavorables para el capitalista.

Esta semana firmé en contrato de venta aplazada de la residencia de Alfau. Pactamos unas condiciones solidarias de comercio justo. El día de la firma nos dio un ataque de risa porque el contrato parecía un jeroglífico inmobiliario que recogía casi todas las posibilidades del mercado.

Para colmo, pusimos mal el DNI. La compradora, una compañera del instituto más buena que el pan, me llevó la primera hoja en la que subsanaba el error. Por arte de magia esa parte del contrato la perdí cuatro veces y todo Dios supo que había vendido mi última casa.

Ahora ya no soy propietario. Tal vez haya perdido mucho dinero pero he ganado la fortuna de echar el equipaje que te hace demorar el paso.

Soy libre y he trabajado para ese Carlos acoge que ya es una leyenda urbana en Ceuta.

Siguen preguntándome si tengo pisos en alquiler... Lo mismo con los años me ponen una estatua al lado del Alcalde Sánchez Prados. Dios me perdone la comparación pero el tema de la vivienda necesita muchos Carlos a porrillo.

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