Durante horas, mañana y parte de la tarde, se celebró el pleno del debate del estado de la ciudad. Una forma de análisis político de qué pasa en Ceuta y con qué prisma ven la situación las distintas formaciones políticas con representación.
Deberían preguntarse en la Asamblea si estos plenos sirven para algo, si llegan al ciudadano, si consiguen enganchar.
La quiebra social es un hecho, los políticos marchan por un sendero bien alejado de lo que realmente le importa al ciudadano de a pie. Y eso es grave porque no hace sino aumentar la pérdida de credibilidad y la desconfianza sumada al recelo.
La exposición de ideas carece de la fuerza necesaria para que los ceutíes se sientan identificados con los portavoces que salen al estrado para exponer sus impresiones y proponer mejoras.
Esa pérdida de fuerza es grave porque, cuando se pierde la conexión entre quienes mandan o fiscalizan en la oposición y el ciudadano, se provoca un daño a la política en general y al impacto de la misma en el pueblo.
Labor de los políticos es recuperar esa sensación de confianza. De momento no lo hacen nada bien, tampoco son capaces de poner en marcha un debate que realmente interese a quien vive en una tierra en la que cada vez es más difícil emprender un camino ajeno a presiones e intereses.
Los representantes políticos no se sientan en un pleno para hablar para ellos mismos y su equipo; deben estar para que el ciudadano reflexione, les escuche, atienda sus discursos y saque sus propias conclusiones.
Hoy por hoy no es así, más que un debate parece una especie de gallinero en el que unos se revolucionan más que otros, pero en el fondo solo buscan el alpiste.
Los debates no llegan, la fórmula se pierde en el camino. Esto no es política.






