No es necesario dar a luz a un hijo para conocer el sentir de una madre, de hecho, muchas mujeres, también en Ceuta, deciden encontrar este sentimiento en sus animales, a quienes brindan los mismos cuidados, amor y cariño, como si de un hijo se tratara.
Con motivo del Día de la Mamá Perruna, que coincide con el Día de la Madre, nos hemos adentrado en historias reales cargadas de amor incondicional de estas mujeres hacia sus mascotas, a quienes consideras “perrijos” o “gatijos”, en el caso de los mininos.
¿Qué siente una mamá perruna?
Para conocer con certeza el sentir de una mamá perruna no hay mejor modo de hacerlo que visitar los hogares y experimentar de cerca las relaciones de quienes viven el día a día con su animales en una unidad familiar.
En primer lugar, FaroTV se desplazó hasta el Recinto Sur, donde Helena Martínez esperaba con sus cuatro hijos: dos gatijos y dos perrijos.
Helena no titubeó en afirmar que, por su puesto, sí que se siente una madre porque “quieras o no los animales son bebés eternos y toda su vida depende de ti, inevitablemente, son como si fueran niños”.
Por su parte, María Pavón, mamá de Haru, una perrita mestiza de 5 años, explicó que “aunque es verdad que no es madre, sí que se siente así al tener una mascota porque, al final, convive contigo todos los días, es prácticamente como tener un hijo”.
Mucho amor hacia estos animales
Según trasladó Helena, el sentimiento que llega a experimentarse por las mascotas es “una mezcla entre que te llenan constantemente y que a veces los quieres matar”, dijo entre risas por las trastadas que a menudo realizan.
“Hace trastadas como niños, luego vienen, te dan cariño, si estás mal ellos lo sientes, es una mezcla de muchos sentimientos”, añadió.
María especificó que es “muchísimo amor y preocupación lo que siente por su perrijo cuando se pone malito, por ejemplo”. “Creo que es equiparable, y a veces hasta más incluso, el cariño que te puede dar un perro o un gato que el que te puede dar un hijo”.
Cuidados que tanto un niño como un perrijo necesitan
Siguiendo con María, con dulzura y con gesto de amor e ilusión, expresó que, al igual que a un hijo, a un perrijo se le debe “dar cariño todos los días; mantenerlo; protegerlo; darle cuidados médicos; y educación, un punto muy importante”.
Helena, apoyando lo dicho por María, habló de la necesidad de ofrecerle higiene; comida de calidad; estar pendientes de ellos 24 horas, etc.
Cómo llegaron sus perrijos a sus vidas
Todo aquel que conoce la empatía y tiene un corazón palpitante dentro de su pecho adora conocer historias de amor entre humanos y animales cuyo final es un mágico y tierno relato de confianza, empatía y reciprocidad.
Los pequeños de Helena, refiriéndonos en primer lugar a sus perrijos, Wendy y Garfio, recibieron sus nombres en honor a los personajes característicos de Peter Pan.
Wendy llegó a su vida en un momento de especial necesidad de atención y cariño perruno porque se encontraba en “horas bajas”. Helena brindó su mano a esta y la rescató de la Protectora. Garfio también llegó de condiciones similares, pues su actual mami ese encargaba de pasearlo cuando se encontraba en una casa de acogida y fue así como en una de estas salidas decidió adoptarlo y convertirse en mamá de su segundo perrijo.
Llegaron para cambiarle la vida
Sus gatijos, Mulan y Mushu, han llegado ahora, “de repente”. “Hacía tiempo que estábamos hablando de un gatito y unas amigas sacaron de la calle a una madre que estaba a punto de parir. La ayudaron a tener a las crías y las vi publicadas en Instagram. Les pregunté por ellas y fuimos a por uno y al final fueron dos, pues quien iba a hacerse con el otro al final decidió que no y se iba a quedar solito”.
Estos animales cambiaron la vida de Helena, quien no se concibe sin ellos. En cada uno de sus hijos perrunos o gatunos encuentra el amor y el cariño que necesita.
Haru, un halo de luz
María Pavón vive actualmente el quinto cumpleaños de Haru, quien arribó a su vida para adornarla y hacerla un poquito más bella.
“Yo la adopté porque a la madre la encontraron embarazada en la calle durante la pandemia y nadie sabía cómo había llegado hasta allí, esto fue en Sevilla. Me enteré por Facebook. Aunque estuviéramos en pandemia y no se pudiera salir yo me escapé un poquito para ir a por mi Haru y hasta el día de hoy. Es lo mejor que he hecho, la verdad”, relató María.
Un mensaje para reacios
Es inevitable controlar el pensamiento de todos y la conciencia sobre el amor que se puede llegar a sentir por un animal, es por ello que estas mujeres que tienen el placer de experimentar esta sensación quisieron recordar a muchos que son reacios a entender este profundo sentimiento incondicional que sí existe y que, seguramente, quien no pueda acceder a él es “porque nunca ha tenido una mascota”.
Anécdotas
Helena Martínez, como paseadora de perritos, tiene la certeza y es buena conocedora de que son muchas las mujeres y también hombres que sienten por sus mascotas lo mismo que una madre puede sentir por su hijo.
Es por ello que no dejarían a este con cualquiera y como haría una madre con su pequeño dejándolo en una guardería, buscan a Helena para que le ofrezca este cuidado, sabiendo que esta dulce mujer lo hará sin dudarlo.
Haru, la perrita que se lo come todo
“Con Haru tengo que tener muchísimo cuidado cuando le doy juguetes. Tengo que asegurarme de que son juguetes muy resistentes o que no tienen cuerdas o ningún tipo de hilos porque le encanta destrozar, eso sí, cosas que son suyas. No me destroza la casa ni me destroza nada mío, pero la verdad es que hay que tener muchísimo cuidado con ella respecto a las cosas que le doy porque todo se lo come”, explicó entre risas de resignación María Pavón sobre su adorable perrita.
Para finalizar, Helene consideró necesario recordar la importancia de un crematorio para animales. “Mis perrijos ya van teniendo unos añitos y no sé que haré el día de mañana cuando me falten y tenga que tirarlos a la basura como están haciendo”, dijo con pena y cierto enfado.
Por su parte, María Pavón, quiso transmitir un mensaje a Haru. “Si me entendiera Haru, le diría que muchas gracias por dejarme ser su mami, aunque no sea su mami de verdad, pero al final soy como su madre porque la cuido todos los días, la quiero muchísimo y para mí ella lo es todo”, concluyó.






Como dicen los musulmanes: los occidentales prefieren tener un perro o un gato en vez de hijos. Conquistaremos, dicen, occidente con nuestros vientres.
Un poco de comprensión lectora no vendría nada mal.
¿Día de la mamá perruna? Madre mía, hasta donde hemos llegado...
Perdona pero no. Tener un perro no tiene nada que ver con tener un hijo. Amo a los animales como la que más, perdí a mi perrito hace 3 meses, después de compartir vida los últimos 12 años, y lo pasé muy mal. Pero la experiencia de ser madre está muy lejos de la de ser dueña de un perro.
Aunque pueda ser gratificante, no es comparable tener un perro con tener un hijo.
Estas personas no han tenido hijos, por eso creen que es lo mismo cuidar de un perro o un gato.
Que le pregunten a una madre si, después de tener un hijo, considera que es lo mismo que tener un perro o si ambas experiencias son comparables. Que prueben ellas a tenerlo y después que cuenten si es lo mismo.
En esta ciudad se ven los dos extremos, personas que no tienen hijos y lo sustituyen por perros, y personas con muchísimos hijos, traídos irresponsablemente.
Es ridículo, aquí tenemos el porqué de la decadencia de la civilización occidental
Ante todo lo que tiene que hacer la gente es respetar al de al lado, si son felices así mejor para ellas.
Que cada uno sea feliz con lo que le gusta.
Tambien hay personas que pasan o pasamos por el trauma de no poder ser padres y aunque tengamos mascotas en casa, que se les quiere, pero no son nuestros hijos, ni pueden serlo, son animales de compañia, por mucho que les sintamos que sean parte de la familia son solo eso...cada cosa en su sitio y su sitio para cada cosa.
Se nos está yendo la pinza, der tooo!
Tenemos mascota en casa, en concreto una perrita, y desde luego no soy su madre.
El deseo y la necesidad de ser madre, en ocasiones, se intenta suplir con la compra de un perro o un gato.
Esto puede ser una forma de enmascarar un trauma, ya sea por no haber podido tener hijos debido a alguna enfermedad, la falta de una pareja adecuada o, en muchos casos, por la influencia de las redes sociales que promueven un estilo de vida centrado en la vanidad: perpetuar la imagen de una joven de 25 años que no desea asumir responsabilidades, solo busca divertirse y viajar.
Y menciono a las mujeres porque, en la actualidad, son ellas quienes mayoritariamente toman la decisión de tener hijos. El papel de los hombres en este aspecto ha quedado relegado en gran medida.
En cuanto a los animales, es importante entender que un perro o un gato no siente amor como lo haría un ser humano; lo que experimentan es más cercano a una forma de apego instintivo.
Es una situación de comensalismo, ellos reciben comida y el humano recibe el placebo de tener una animal que le quiere y hace sustituto de un hijo.
Nos extinguimos
Como esta el patio @_@
Puede sentir lo que quiera pero una Madre no es esto.