Se detiene el desahucio de Karima en Loma Colmenar. Se pone fin a un proceso injusto que nunca se debería haber iniciado, nunca debió llegar a este punto de amenaza para una madre y sus hijos. Las administraciones, inhumanas, se convierten en un enemigo para el ciudadano que las alimenta.
Así es el sistema de injusto, parece que lo hayamos creado para complicarnos aún más las cosas, para que quienes están ahí para solucionarlos los problemas terminen engordándolos.
Karima nunca mintió. Siempre fue con la verdad por delante. Dijo que había entrado en un local abandonado, que lo limpió y vivió ahí con sus hijos para no estar en la calle. Mientras tanto, ha trabajado de lo que ha podido para vivir honradamente. Ella no es el ejemplo del okupa caradura que accede a un local o vivienda con mala fe. Ella nunca hizo eso, ella peleó por buscar algo digno para sus hijos y transformó un punto abandonado en un hogar.
Pero entender esta historia supone echar mano de humanidad y eso hoy en día es precisamente lo que falta. No hay empatía ni tampoco interesan los problemas del resto. No se habla, no se escucha, no se atiende a las personas… La máquina pública ejecuta sin miramientos, sin analizar las historias dramáticas como la que representó Karima.
Se ha llegado al límite hasta atender el caso, hasta parar una maquinaria que nadie comprendía, pero se ha logrado que al menos hoy este sistema sea algo más digno porque entiende el caso de esta madre de familia y sabe que la medida extrema que había seguido adelante y adelante, recurso tras recurso, era una auténtica barbaridad.
La historia de Karima salió a la luz, pero otras tantas no tienen esa cobertura, generándose injusticias que ni siquiera llegarán al conocimiento público.
Lo ocurrido con Karima es un ejemplo de que las cosas no se hacen bien, quizá su caso sirva para que los procedimientos sean, a partir de ahora, algo más justos.







Llevas toda la razón, es injusto que hayan amenazado a esta señora con que la iban a echar, de lo que ella a convertido con mucho esfuerzo, en su hogar para ella y sus cuatro hijos.
Las administraciones deberían de tener más empatía y ver cada caso individualmente y no llegar a amenazar con poner en la calle a una madre con sus cuatro hijos. Esto hace mucho daño.
Menos mal que esta vez gracias, un poco, o bastante, a la difusión pública que le ha dado EL FARO DE CEUTA a este caso se ha solucionado y la cosa no ha llegado a mayores.