Creo que ya he escrito alguna otra vez sobre el sufrimiento y la serie de vejaciones que sufrieron los mártires que se salvaron del desastre de Annual; pero, en todo caso, aquellos héroes cautivos, bien que se merecen que sus sufrimientos, sus sacrificios, su heroicidad y su espíritu patriótico español vuelvan a ser puestos de manifiesto, para general conocimiento del resto de españoles de las nuevas generaciones que están aflorando y para que su generosa entrega y servicio a la Patria sean perpetuados hasta la posteridad.
Tras el desastre de Annual, en julio de 1921, la sociedad española sufrió la tragedia que trae consigo la derrota: pérdida de vidas humanas, gastos materiales y desmoralización. Sin embargo, una secuela más que repercutió en el sentir del país fue el número de prisioneros cautivos del cabecilla rifeño rebelde, Abd-el-Krim. La intervención española, a través de distintas personalidades para liberar a los prisioneros, fue desde la actuación institucionalizada de los distintos gobiernos hasta las gestiones del Padre Revilla o del abogado Hipólito Jiménez y sus cartas al rey Alfonso XIII. Este asunto de los cautivos españoles en manos de los rifeños fue un tema siempre latente en las negociaciones mantenidas entre España y el insurrecto, Abd-el-Krim, durante 1925. Por último, resulta desolador el testimonio de los prisioneros liberados, en julio de 1926, sobre las condiciones infrahumanas a las que fueron sometidos.
La madre del Cabo Soria, Dª Margarita Toledo, que resultó herido gravemente en accidente con fuego israelí en el Líbano, cerró el acto de concentración con las siguientes palabras: “Hoy estamos aquí para pedir Justicia. Una nación que no honra a los que dan su vida en su defensa, que no atiende a las familias de los militares, heridos o fallecidos, es una nación sin rumbo y sin alma”. Con ello. Estaba denunciando el olvido de los militares que pierden la vida o que resultan heridos en misiones internacionales.
Entre otros, el Cabo Iván Ramos, que resultó gravemente herido en accidente en Afganistán y todos cuantos profesionales de nuestras Fuerza Armadas, hayan podido sufrir injusticias, olvido o dejación de su recuerdo, no por parte del Ejército ni por sus propios profesionales, que son los que siempre honran a los muertos y tienen presente a quienes dentro de sus filas hayan podido ser objeto de algún infortunio ocurrido con ocasión del servicio militar que prestan a la Nación, sino por algunos políticos desaprensivos, de esos a los que siempre los militares profesionales les caen grande o en claro desafecto, pese a darlo todo por la Patria.
En una grave situación histórica, uno de los pocos profesionales de la política que, en ese sentido fue una honrosa excepción, don Antonio Maura, dijo al entonces rey Alfonso XIII que el destino de España dependía de que sus ciudadanos dejasen de ser espectadores de su propia ruina. “Yo, pido a los ciudadanos, dijo, que no sean espectadores de la situación actual de España, sino que movilicen todas sus energías para que el país pueda salir adelante”.

Y aquí podemos insertar el caso del que en su día actuara en África como “paramédico”, que a tales cautivos acompañaba y practicó los primeros auxilios junto a «sus compañeros de fatiga, que le salvaron la vida y tampoco se les ha reconocido», pese a haberlo merecido con toda justicia. Al poco llegaron dos helicópteros Blackhawk, americanos, que le trasladaron al hospital «Role 2», español, de la base de Herat. «Allí – contó - me hicieron de todo. Me abrieron en canal porque tenía hemorragia interna debido a que tenía partido el bazo y el riñón izquierdo y me los extirparon, neumotorax, derrame pleural 17 huesos rotos, traumatismo craneoencefálico... me operaron del brazo y la pierna de urgencia, tenía todos los huesos del pie desplazados...».
Reproduzco lo que escribe Luis Fanjul Álvarez: “Fernando Serrano Flores. Sí, estimados y distinguidos compañeros, es el nombre de la calle en la cual se ubican nuestras dependencias de la Real Hermandad, que corresponde al nombre de un héroe español olvidado como tantos y tantos otros. Pues, contando de antemano con vuestra aprobación, me permito hacer un resumen de su vida y obra: ´
Serrano Flores. Nacido en Valencia el 14 de Febrero de 1897 y promovido el 26 de Enero de 1921 a Teniente médico del brillante Cuerpo de Sanidad Militar, destinado al Regimiento de Infantería de Melilla. Durante el desastre Annual, tal como sucedió a otros muchos cientos y miles de soldados, suboficiales, oficiales y jefes del valeroso Ejército español, fue hecho prisionero y encerrado en la localidad marroquí de Axdid, en la inmunda corraliza donde antes se encerraban los ganados del rebelde rifeño Abd-el-Krim, donde contrajo las fiebres tifoideas. Su comportamiento abnegado y heroico lo describe fielmente un coetáneo suyo, el Teniente Coronel “Guedea”, que en la revista de sanidad militar del 1/03/1923 dice textualmente:
“Se trató del médico Serrano, que murió en el cumplimiento de su deber, dictando a sus enfermos, como su testamento militar le mandaba en la hora de su agonía, recetas, consejos y fórmulas para aliviar a sus compañeros de cautiverio. Este héroe médico, olvidándose de su propia enfermedad y despreciando a la muerte que poco a poco lo hacía suyo, legó a sus compañeros el bálsamo consolador de su ciencia, sobrepasando en valor a cuanto humano se pueda concebir. Y no fue Serrano el héroe colectivo que en un arrebato u obcecación y ante la mirada extraña realiza un acto digno de encomio; sino que Serrano fue el héroe anónimo cuya abnegación y humanitarismo raya en lo divino y cuyos actos se realizan entre cuatro paredes, en una mazmorra o dura cárcel en la que se halla cautivo”. Así de contundente se expresan los que le conocieron y opinan sobre el prestigio y reconocimiento de este buen hombre y mejor persona.
La muerte del médico Fernando Serrano Flores como la de miles de españoles, se debió a la crueldad criminal del cabecilla rebelde y gran verdugo marroquí en la Guerra de África, Abd-el-Krim, el cual no solo mantenía los prisioneros españoles confinados en la inmunda corraliza donde encerraba a su ganado, sino que les privaba de los medicamentos necesarios para el tratamiento médico, que pudieran necesitar los prisioneros. Así, el 18-06-1922 muere a causa de las fiebres tifoideas que no se le ha permitido tratar con el medicamento apropiado de aquella época, el Electrargol, que llegó a la inmunda corraliza un día después de su muerte. La crueldad de Abd-el-Krim es tal que, no permite el traslado de los restos mortales de Serrano Flores al cementerio de Alhucemas y tiene que ser enterrado en los alrededores de la corraliza y nunca se han podido recuperar sus restos.

Valencia y los valencianos, esa dura gente, forjada en el yunque donde se hacen los valientes que luchan y laboran, trabajan y laboran, gente honrada y trabajadora, en general, a la que, ni siquiera una maldita DANA que en el pasado 2024 les ha producido unos 233 muertos, hasta ahora, ha sido capaz de doblegar, como aquellos otros paisanos de la época del médico Serrano Flores, que sus paisanos han sabido honrar su memoria dedicándole una calle muy militar conocida por calle “Entre Cuarteles”, por estar situada entre San Juan de Ribera Norte y Sur que, a propuesta del Concejal Eduardo Llegaría, de la que, siendo alcalde Juan Artal Ortells, por acuerdo por mayoría del Ayuntamiento de Valencia, desde el 1-07-1923 pasó a conocerse como Calle Serrano Flores y así hasta nuestros días y en la confianza de que perdure su nombre hasta la posteridad; en la actualidad en el acuartelamiento de San Juan de Ribera y otras Unidades.
Revista ‘Blanco y Negro’, 8-01-1922: «Todas las numerosas fotografías, obtenidas por el capitán de Estado Mayor Sigifredo Sáinz Gutiérrez, reproducen la vida del cautiverio en aquellos días a los que alude, también, en su diario. El objetivo ha llevado a las placas las amargas escenas y, por mucha emoción que pusiéramos en el relato, nunca llegaríamos a la que provocan tales imágenes, donde se ve la miseria en que vivieron los pobres prisioneros de Axdid (Marruecos). con cruda realidad, justo en la corraliza donde se encerraban antes los ganados de Abd-el-Krim».
Habían pasado seis meses desde el desastre de Annual, la mayor catástrofe de la historia del Ejército español. En aquella pequeña población, a tan solo 60 kilómetros de Melilla, murieron más de diez mil españoles (unos 13.000, citan otras fuentes). Sus cadáveres, muchos de ellos descuartizados con saña por las hordas indígenas marroquíes, fueron olvidados sobre el terreno para siempre. Tan desesperada fue la situación vivida después de que las tropas del general Silvestre fueran desarboladas, que algunos de nuestros soldados se mataron entre sí para hacerse con un transporte en el que huir. La mayoría cayó también en el intento.
Uno de los principales problemas a los que se tuvo que enfrentar el Gobierno español tras la tragedia fue, el del gran número de prisioneros que cayeron en manos de Abd-el-Krim y que continuaban en el Rif seis meses después. Una pesadilla también para las familias de estos, que habían sufrido el horror del desastre desde la Península, las terribles noticias llegadas desde Monte Arruit, después, y la desesperación de saber si sus maridos, hijos o padres regresarían con vida de Marruecos.
El problema de los prisioneros se convirtió en un asunto de primer orden para el país, sobre todo a raíz de las numerosas peticiones de socorro que le llegaban al Rey Alfonso XIII, por parte de las familias, y que la prensa recordaba en artículos tan críticos como el citado: ‘El cautiverio de Axdid: la vida de los prisioneros’. Tres páginas donde se incluían las fotografías enviadas a la redacción por uno de aquellos cautivos, el mencionado capitán Sáinz, destinado a Melilla poco antes del desastre e incorporado a la columna de socorro del general Navarro. Allí fue un testigo privilegiado de la retirada y de la desdichada defensa de Monte Arruit, donde fue hecho prisionero por los rifeños.
En el artículo no especifica cómo consiguió hacer llegar las imágenes a ABC, siendo prisionero, pero sí que fueron las últimas en dejar constancia de aquellos días de cautiverio en los que, según cuenta el historiador Javier Ramiro de La Mata en su artículo ‘Los prisioneros españoles de Abd-el-Krim: un legado del desastre de Annual’ (Anales de Historia Contemporánea, 2002), apenas recibían alimentos, eran obligados a trabajar hasta la extenuación y eran apaleados brutalmente. «Los guardianes han extremado su rigor y ya el capitán Sáinz no dispone de la máquina fotográfica para recoger en sus placas la vida de rigor y también eran vejados y torturados.

Todo cuanto tenían de valor o lo que les proporcionaba alguna distracción habían tenido que entregárselo a los rapaces guardianes. Pasaban las semanas incomunicados de sus familias y recluidos en la inmunda corraliza. No disponen ni de aquellas horas en que gozaban de la libertad de aquellas rocas, que les permitían recibir los besos del sol y de las brisas marinas, aunque fuera bajo vigilancia de los centinelas», apuntaban ‘Blanco y Negro’ y ‘ABC’, que también se ocuparon ampliamente del caso.
Melilla se convirtió durante aquellos días en un punto de encuentro de los familiares de los soldados desaparecidos o prisioneros, que buscaban información desesperadamente. Se sabía que los cautivos eran unos 700, tanto militares como civiles, que en un primer momento habían quedado repartidos por las cabilas, pero que posteriormente fueron agrupados en Axdid y en Annual, para acabar finalmente concentrados todos en Axdir, que había sido proclamada capital de la República del Rif.
Las demandas de los familiares tuvieron el apoyo de gran parte de la opinión pública, como ABC. ‘La Correspondencia de España’ y ‘La Libertad’, organizaron movilizaciones a favor del rescate de los españoles, sobre todo, cuando Abd el-Krim rebajó sus exigencias para la liberación al pago de cuatro millones de pesetas y el canje por prisioneros rifeños en poder de España. El 5-11- 1921, uno de estos diarios publicó una emotiva carta escrita por las madres y las esposas de los cautivos en Axdid, dirigida al Gobierno, en la que se solicitaba que se pagara el rescate. Hasta los empleados del Ayuntamiento de Madrid apoyaron la propuesta.
Incluso hasta las guerras y los conflictos militares más crueles tienen sus propias normas internacionales en el Derecho de la Guerra, que ningún país mínimamente civilizado puede ignorar, de la forma tan cruel, tan inhumana y tan indecorosa como en el caso de los cautivos de Axdid lo hizo el cabecilla rebelde rifeño, Ad-el-Krim, poseído del resentimiento y odio hacia España y los españoles, a pesar de que militó en las filas del Ejército Español, en el que tan inmerecidamente se le permitió alcanzar hasta el empleo de Sargento. Menos mal que tan funesto y tristemente célebre apellido, fue bastantes años después mejorado por el doctor Abd-el-Krim, médico muy humanitario y bueno en Ceuta, que atendía con bondadosa amabilidad humanitaria y sin cobrar la consulta a los pobres.







Pongo en duda que estuviera en el ejército español y mucho menos que llegara a "alcanzar el empleo de sargento".
No se dice nada en el artículo sobre los principales muñidores del rescate: Indalecio Prieto y Horacio Echevarría.