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“Me han robado a mi hijo”

Por Redacción
01/10/2011 - 10:56
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Tras el cuerpo sin vida de su hijo, Abdeselam Mohamed caminaba sereno entre la multitud que acompañaba a la familia para dar sepultura a Tarek, herido de muerte el pasado miércoles en lo que todos los presentes calificaban como “un claro asesinato que tiene que investigarse”. De blanco y erguido, su padre, tan sólo perdía la compostura cuando alguna persona le daba ánimos para seguir adelante. “A mí también me han matado. Me han robado a mi hijo Dios Mío, con lo bueno que era”.
Un hijo al que quitaron la vida de un disparo en la cabeza, que le provocó “una destrucción de los órganos vitales” y afectó a la vena aorta, tal y como se concluye de la autopsia que se le realizó en la tarde noche del jueves y cuyos resultados se conocieron ayer. Esas conclusiones forman parte ya de unas diligencias policiales que fundamentarán lo que hasta los mismos agentes califican de asesinato en toda regla.
Mientras la UDYCO maneja hipótesis y busca datos para cuadrar quién de los sospechosos puede tener más papeletas que otro; familiares, amigos y vecinos del fallecido o de su familia, la de los Mesquini, abarrotaban la mezquita de Sidi Embarek lo que obligaba a que muchos fieles tuvieran que rezar fuera del templo.
El imam hacía un llamamiento a la paz e instaba a no cometer este tipo de crímenes ante cientos de personas que, consternados, todavía no asimilaban lo ocurrido. Y ya no sólo por la muerte de Tarek, sino por los últimos tiroteos que se han sucedido y que han dejado varios heridos y, ya, en sólo dos meses, un par de muertes violentas.
“Nadie tiene derecho a quitarle la vida a otro. Y lo peor es lo que está diciendo la gente en la calle: que todavía queda lo peor”, apuntaba un joven. Y hablaba de esa psicosis que, desde la muerte de Tarek, se ha adueñado de varias barriadas. De hecho ayer se denunció que había habido disparos en Narváez Alonso y en el Puente Quemadero, sin que la Policía constatara ambos episodios como reales. “Es que ha sido muy fuerte, la gente ya comenta que a quién le va a tocar ahora porque estamos acostumbrados a ver que un día le pegan a uno, que otro le pegan a otro y ahora ya vamos por muertos”, añadía mientras se liaba un cigarrillo en uno de los bancos ubicados frente a Sidi Embarek. Hasta allí llegaban las palabras del imam, que sonaban más enérgicas que nunca. “Está diciéndonos que hay que vivir en paz”, traducía Hamido. Él conocía a Tarek, “desde siempre, ese chico nunca se había metido en líos, no sé por qué tienen que poner eso de ajustes de cuentas... ¡ajustes de qué!... eso lo dicen para que nos quedemos todos callados y así... ya está, caso cerrado ¿no?”, lamenta. Momentos antes de la llegada al cementerio en donde se enterraría a Tarek, centenares de vecinos rodeaban la mezquita de Sidi Embarek, ubicada a escasos metros de la casa familiar del fallecido que se trasladó a vivir al Príncipe hace nueve años.  Hasta esa casa tuvieron que acudir varias ambulancias después de que se produjeran varios desmayos y síncopes. Todos  los presentes querían decir algo, todos opinaban mientras las fuerzas de seguridad, de paisano o no, flanqueaba el templo y pasaban con sus vehículos por delante. “Ahora sí hay policías ¿eh?, no te va a pasar nada... ahora sí, míralos allí, más arriba... y esos, esos son de la brigadilla, si ya los conocemos a todos”, indica un joven bastante molesto, por cierto, ante la insistente circulación de vehículos policiales en torno al templo.
En el debate vecinal surgen los mismos temas: la colaboración, la acción policial, el quién habrá hecho esto... “No hablamos porque tenemos miedo a que nos maten y los que nos tienen que defender y hablar y averiguar quién lo ha hecho y encerrarlo no lo hacen porque también tienen miedo. Y luego están los políticos, que aún no han dicho nada, como si un asesinato a plena luz del día fuera algo normal o como si no hubiese pasado nada”, lamentan. Y en la mente de todos, los cuatro hijos del fallecido, la viuda del mismo sin trabajo pero la resignación que marca esas barriadas de la periferia. “Ahora qué... pues tendrá que salir adelante. Es lo que queda. Está en paro. Aquí no hay empleo. Dicen que llega dinero para luchar contra la exclusión pero se debe quedar en los bolsillos de los que mandan porque aquí cada vez estamos peor. Ahora ya te matan por nada mientras desayunas”, comentaba un adulto.
El entierro de Tarek sirve de motivación para hablar de estos asuntos e incluso para debatir sobre las posibles soluciones. Es el sinvivir viviendo. El miedo a salir y el temor a que vaya a más. “Lo dije con Karim. Aún no sabemos quién le mató a él. Los que están presos son presuntos sospechosos, nada más. Y lo digo ahora. Seguiremos sin saberlo y habrá más muertos”, sentencia un joven, y recuerda el pasado. “Analiza cuántos muertos ha habido, y me pregunto ¿cuántos culpables están en prisión? Pues te lo digo yo, ninguno”, añade. Todos lo piensan. Que mientras no haya protección, la calle es “de los delincuentes, que actúan a sus anchas porque nadie les pide cuentas”. Hace dos meses acribillaron a Karim, hace tres días a Tarek pero “habrá un siguiente si no se pone remedio”. Y nadie ve el remedio por ningún lado. “Ahora hay policías, pero ¿dónde están cuándo se les necesita?”, añade el mismo joven.
“Te lo digo yo”, le replica un vecino mientras lía algo más que tabaco: “Los policías vienen aquí, hacen sus horas y se quieren marchar... ¿tú piensas que se van a preocupar? Les da igual lo que pase, ellos vienen, cumplen con las horas y se marchan a Algeciras, esa es la realidad. ¿Por qué no vienen como con la Operación Duna? Entonces vinieron policías y entraron en las casas que dijeron, ¿y ahora, es qué te crees que no se sabe dónde están las armas?”. Dicen que a la Guardia Civil se la respeta porque “hay que hacerse respetar y eso es el trabajo que tienen que hacer el resto de fuerzas de seguridad porque nosotros, que les pagamos, no vemos que nos defiendan”, lamenta. Paralelo a los debates aparece la familia que sigue pidiendo que se depuren responsabilidades. Los vecinos siguen pidiendo justicia y protección por igual a todos los ceutíes. Y otra vez, vuelta a empezar. Surgen las mismas preguntas, se generan los mismos debates y aparece la psicosis que sólo es capaz de producir el miedo.
Mientras la Ciudad trabaja en la forma de buscar el tipo de apoyo que se puede dar a los trabajadores del Polifuncional que les han trasladado sus quejas por la inseguridad creciente en el barrio.altaltaltaltaltalt

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