La letrada Inmaculada Guil ejerce la Defensa del agente de la Policía Local sobre cuya espalda pesa una condena de 35 años de cárcel por el asesinato de su mujer en la vivienda compartida en Parques de Ceuta, siempre y cuando el Jurado lo declare culpable.
Guil mantiene la petición de una eximente completa por alteración psíquica y atenuantes de colaboración con la justicia, en este caso muy cualificada, y dilaciones indebidas.
Además, reclama una petición de responsabilidad civil directa de la Ciudad al ser un agente bajo su control.
La letrada ha centrado su informe en una clave: su cliente está afectado por varios trastornos, habiendo seguido un tratamiento psiquiátrico en Algeciras, a donde acudía para ser tratado durante años, además de en Ceuta.
Guil se aferra a una carta: la que pasa por mantener que su cliente básicamente no sabía lo que hacía porque tenía un trastorno mental. Dos declaraciones se han hecho fuertes en su exposición: la del doctor Cabrera y la de la psiquiatra que lo trató en Algeciras, ya que mantuvieron en sala que el acusado estuvo afectado por un brote psicótico.
“Hemos escuchado a la Acusación, que no asume que el señor Alonso es un enfermo mental. Llevamos años con este asunto, desde que entró en prisión, en 2022, hasta que salió en 2026, ha estado en tratamiento psiquiátrico. Nosotros no somos expertos psiquiatras y quienes deben decir si el día de los hechos tenían mermadas sus capacidades son los psiquiatras”, ha zanjado.
La alevosía en el asesinato y autoría de los disparos

Para Guil, no existe alevosía, como mantienen las acusaciones, al no quedar probado que su cliente estuviera de pie y empuñando el arma.
Mantiene la letrada que los disparos impactaron en zonas bajas y opuestas, sin estar verificado que la trayectoria y la forma del disparo fuera de la forma en la que se sustenta el asesinato, de pie y apuntando a Mª Ángeles.
Ha reprochado que no se hiciera un informe de balística y se haya tenido que incorporar al caso uno de parte, pagado de forma particular con el que se ha negado la forma ejecutora de actuar.
Para Guil, no ha quedado acreditados ni el orden de los disparos, ni qué disparo provocó uno u otro resultado. “En esa lucha entre padre e hija es imposible que supieran hacia dónde iban los disparos”.
“La pericial acredita que el disparo no se puede probar” como se indicó, lo que impide probar que se haya producido un “asesinato con alevosía”.
“Los disparos se produjeron a una distancia baja. Se montó un zafarrancho de disparos” en un forcejeo, mantiene. “Hay una ausencia de intencionalidad”, ha dejado claro Guil, recalcando que tanto el acusado como su hija llamaron inmediatamente pidiendo ayuda.
“Alonso no se escapó, llamó, eso indica que fue un accidente”, ha puntualizado Guil. “Llamar al 112, llamar a la central de la Policía, quitar el cargador del arma, llevarla debajo de la cama… Fueron actos reflejos propios de su profesión. Él no necesitaba pensar para nada”.
"No es un asesinato machista" y el acusado estaba en "brote psicótico"
Guil niega que se haya producido un asesinato machista. “No lo es”, ha reseñado. La abogada ha mantenido que su cliente creía que existía un complot contra él. “Lleva el arma cargada porque sufre un delirio de perjuicio, cree que están todos contra él”.

En la vida de su cliente, cosas que son normales para el resto, para él no lo son. Y así sucedió con la cita médica que no se localizaba.
“Fueron hechos que se produjeron en una pelea, pero nosotros no acusamos a nadie, fueron hechos fortuitos”, ha insistido.
Guil mantiene la tesis de que su cliente estaba atrapado en un brote psicótico. “No se puede atribuir al señor Alonso un carácter machista, es una persona que no está bien, es una persona enferma mental que no es consciente de sus actos ni los puede controlar”.
La lucha y los disparos
Guil niega que se haya producido un homicidio doloso, manteniendo que los disparos se produjeron en una lucha. “Nadie ha podido precisar el orden de los disparos ni cómo se produjeron”, ha mantenido la letrada.
“Lo único que sabemos es que en el arma hay ADN de las dos personas que lucharon”, ha expuesto la letrada. “Está claro que es solo de las dos personas que forcejearon”.
“Solo puede llegar ADN a la pistola empuñando el arma y apretando el gatillo”, ha recalcado, apoyándose en las manifestaciones de lo que dijo un perito de parte, aunque hubiera otras versiones totalmente opuestas a esa aseveración.
“No ha quedado acreditada” la autoría del disparo “que mató a Mª Ángeles”.
¿Qué pasó?: la importancia de una pericial
La letrada Inmaculada Guil se aferra a la pericial del doctor Planelles para desmontar las tesis de las acusaciones en cuanto a lo que pasó aquel día y en cuanto a cómo fueron los hechos.

“Los disparos son compatibles con una situación de forcejeo y lucha”, ha continuado, manteniendo una tesis que se sustenta “en la ciencia”, es decir, en el informe del perito de parte.
“La hija no dice la verdad, porque es imposible que el acusado disparara de forma erguida. Los disparos que se producen nunca son en postura descendente, inclinados hacia abajo. No vienen de alguien que está en la puerta de la cocina, sino de alguien que está en el suelo. No se puede afirmar que el señor Alonso sea el autor de los disparos”.
“Fue una muerte accidental y fortuita”, ha dejado claro en varias ocasiones Guil. “Fue una situación descontrolada” en la que su cliente “no quiso matar a nadie”.
"Él no es consciente de causar daño a nadie" y "no era un maltrador"
Guil mantiene que no hay dolo homicida, por tanto, no hay asesinato. No hubo una intención de lesionar a nadie de su familia ni a su hija.
Mantiene la letrada que nunca pretendió causar lesión alguna en el ámbito familiar. “No estamos ante una persona normal, sino ante alguien con un trastorno mental”.
“La medicación que toma nunca curará su enfermedad, él no es consciente de causar daño a nadie. He hablado mucho con Alonso y él no es consciente. Cuando le digo que dicen de él que es un maltratador… él te dice, ¿cómo voy a ser un maltratador si le compraba a mi hija jamón del bueno en La Despensa? Él no es consciente”.
“Si algo se sabe de este juicio es que Alonso está trastornado”, ha resaltado la letrada.
De igual manera, Guil ha sentenciado que no hay pruebas del maltrato puesto de manifiesto, dando importancia a que en los teléfonos de víctima y acusado no hay rastro de mensajes de ese tipo.
Se revisaron fotos y mensajes, sin haber rastro de ese maltrato habitual puesto de manifiesto.
Responsabilidad civil de la Ciudad
Mantiene la Defensa que hay una responsabilidad directa de la Ciudad. Mantiene que su cliente “ingresó en la Policía Local con trastornos y siendo un ser enfermo psiquiátrico no tenía que controlarse él sino la Ciudad”.
Considera Guil que la Ciudad es responsable y que debe pagar por ello para que estas situaciones de descontrol no se vuelvan a repetir.
“No se puede condenar si no tienen certezas absolutas. Nadie de los que han declarado pueden decirle quién disparó, cuándo. Solo sabemos que hubo una lucha, un zafarrancho”.
“Ante esa falta de certeza la ley es clara, no se condena por corazonadas, por intuición o porque algo parezca probable. Si al valorar todas las pruebas tienen dudas razonables, no deben emitir veredicto de culpabilidad”.
“A Alonso le asiste el principio de presunción de inocencia”, ha zanjado.






