Ya tuvimos un cambio climático

Dice el aforismo que la Historia se repite. Por lo visto, la Prehistoria también. Eso al menos parece desprenderse del estudio ‘Adaptaciones culturales en el Mediterráneo y Norte de África durante los cambios medioambientales y climáticos del Holoceno Medio’ publicado en la prestigiosa revista internacional ‘The Holocene’ el pasado 25 de enero.


La investigación, elaborada por las italianas Anna María Mercuri, de la Universidad de Modena e Reggio Emilia, y Laura Sadori, de la Universidad de Roma ‘La Sapienza’, junto con la española Paloma Uzquiano Ollero,  analiza el impacto que tuvo la actividad humana en la desforestación producida en las tres oleadas de cambios climáticos que tuvieron lugar en la cuenca mediterránea durante el Holoceno Medio, hace 4.000, 6.000 y 8.000 años. Resulta que lo mismo que denuncian los ecologistas de nuestros días ocurrió hace ya mucho tiempo, aunque a una escala diferente.
Dentro del estudio se incluyen las investigaciones de la doctora Paloma Uzquiano, especializada en antracología y arqueobotánica (madera carbonizada y semillas en lenguaje accesible), sobre el entorno de la Cueva de Benzú y el impacto que causaron estos caballas en su medioambiente. La española también estudió depósitos en la Península Ibérica, mientras que las italianas se ocuparon de trabajar el Mediterráneo Oriental, con lo que quedó cubierto en la investigación todo el espacio del Mare Nostrum.
Según explica Uzquiano, ella y sus compañeras italianas hicieron un estudio basado en analizar cómo evolucionaron las culturas humanas a los tres cambios climáticos en el Holoceno Medio y su impacto medioambiental. La investigadora concluye que la incidencia humana unida a las crisis climáticas de sequía hace que se dañe la vegetación, “que sufre por efecto del cambio climático una degradación que el impacto humano se encarga de acelerar o de incluso rematar”, asegura.
Siguiendo su narración, “en todos los yacimientos estudiados en la cuenca mediterránea veíamos que los cambios producidos en la vegetación estaban en relación en parte con el cambio climático y en parte con una acción humana evidente. Probablemente esta acción humana sin el cambio climático no hubiera causado un efecto irreversible, pero la combinación de ambas en climas como los norteafricanos, que son muy sensibles, provocaron un efecto irreversible que impidió la regeneración de parte de la vegetación”, cuenta la experta.
En este sentido, la autora ejemplifica con las conclusiones obtenidas en yacimientos del suroeste de Libia, con una secuencia muy prolongada, o en zonas de la provincia de Segovia, donde la crisis climática afectó a las áreas de dispersión del pino, por entonces la especie arbórea dominante, que se fragmentan y la acción humana que utilizaba esa especie como combustible doméstico causó un efecto irreversible. El pino desapareció de la zona.
Uzquiano comenta que el caso del yacimiento de Benzú es diferentes, pues no se dispone de suficientes niveles para poder analizar convenientemente cómo influyeron en el entorno los cambios climático combinados con la acción humana.
“El yacimiento de Benzú corresponde a un momento en el que todavía el nivel de agua en el subsuelo era suficiente para soportar una cobertura vegetal muy variada, rica en matorral. Ahí no se ve realmente la incidencia porque solamente hay dos niveles de ocupación. No hay un número suficiente de niveles que den cuenta de toda la acción humana ejercida”, asevera.
En resumen, no se conoce el impacto real que ejerció la población de Benzú en la vegetación de la zona porque no hay una larga secuencia de ocupación humana que evidencie qué tipo de presión ejercieron sobre el ambiente en combinación con la crisis climática. Al parecer, la degradación pudo mitigarse por la existencia de agua subterránea en la zona, lo que explica que las zonas de Beliones que hoy en día aún sufren corta y acarreo de leña se estén regenerando.

La investigadora ve posible la relación Benzú-Campo Gibraltar

Paloma Uzquiano afirma que los habitantes de Benzú y sus coetáneos del Campo de Gibraltar tenían formas culturales “muy similares porque la vegetación que aparece en el Campo de Gibraltar y la forma en que hacen el uso y el manejo es muy parecida a lo que pasa en Benzú porque están en un círculo ecológico similar”. ¿Eso significa que tenían contactos entre ellos? “¿Por qué no? -responde la experta- Pero eso hay que probarlo con el estudio del registro arqueológico. Se puede deducir , pero no demostrar. Por lo menos no hay indicios en el registro arqueológico que lo demuestren claramente, pero evidentemente es fácilmente deducible”, dice.
A este respecto, en 2010 Eduardo Vijande, investigador de la Universidad de Cádiz, presentó en el Instituto de Estudios Ceutíes una tesis calificada con la máxima nota en la que defendía que las redes de circulación y contactos entre ambas orillas del Estrecho arrancan del Neolítico.

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