Ceuta está sucia. Sus calles están sucias, sus barrios, las playas, los montes... Contra estas aseveraciones reales que cualquiera pueda comprobar, puede salir la autoridad competente con la negativa por respuesta.
O, mejor aún, diciendo eso de que se va a encargar una encuesta para medir el impacto real que tiene en la ciudadanía esta situación. Una encuesta hecha ¿por quién?, ¿por la adjudicataria que no hace bien su trabajo? Nos encontraremos con los resultados maquillados, ya que, siguiendo su mismo modus operandi, Trace tampoco hará bien eso de reflejar negro sobre blanco una realidad soportada y sufrida por todos.
Podemos jugar a engañarnos. Es legítimo vivir en una mentira y morir con ella. En cambio no lo es invertir el dinero público para que se nos preste un mal servicio, que es lo que está pasando en la actualidad. Las calles huelen mal porque no se limpian como se deben. Las playas están peor que nunca. Teniendo los mismos guarros que otros años, ¿cómo es que la imagen es peor? Porque vaya por adelantado que ésta será la excusa política elegida: que la gente es muy guarra y se va de la playa sin recoger la basura o no mantiene sus calles como debiera. Sí, hay faltos de conciencia aquí y en todas las ciudades, pero no se han multiplicado más de lo debido. Lo que sucede es que falta un servicio prestado con la eficiencia debida y acorde al dinero que se cobra.
Llama la atención que una clase política tan enganchada a eso de colocar banderas azules o recibir escobas de plata esté dejando pasar por alto una situación realmente grave, porque de esa imagen se deriva un malestar genérico entre ciudadanos que no tienen por qué aceptar determinadas situaciones que, hoy por hoy, se dan.
Y no se trata de ser excesivamente puntillosos, se trata de contemplar hechos vergonzosos como calles que no se limpian ni baldean adecuadamente durante semanas, sin que haya una advertencia por parte del Ejecutivo más allá de pedir encuestas que tardarán meses en analizar lo que vemos día tras día. Y así pasa el tiempo y lo que parece entenderse es que hay determinadas protecciones y padrinos que pesan más que la adecuada, justa y debida utilización de los fondos destinados a la limpieza.
Decir que Ceuta está limpia es enarbolar la bandera de la falsedad. Se han perdido muchos puntos, se ha dado la espalda a un nivel alcanzado que ahora vive sus peores momentos. Y para esto no hace falta que el presidente se rodee de un equipo dedicado a patearse la ciudad, es tan sencillo como que se aleje un poco de su calle residencial y vea lo que todos padecemos.
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