Hay veintiséis días que pueden pasar sin dejar apenas huella y hay veintiséis días que pueden parecer una eternidad. Depende, probablemente, de si uno los contempla desde un calendario o tiene que vivir dentro de ellos.
Este martes está convocado de forma extraordinaria el Consejo de Seguridad Nacional para analizar la grave crisis que atraviesa Ceuta desde el día 30 de julio.
Una reunión del máximo órgano de asesoramiento al presidente del Gobierno en materia de seguridad nacional que llega cuando está a punto de cumplirse un mes desde que comenzó la emergencia.
Y resulta inevitable hacerse una pregunta: ¿Cuántos días necesita una emergencia para convertirse en urgente? No escribo esto para discutir sobre siglas ni para convertir a Ceuta en otro argumento con el que golpearnos unos a otros.
Bastante de eso tenemos ya. Lo escribo porque hay tiempos institucionales que resultan difíciles de comprender cuando se comparan con los tiempos de la calle.
Veintiséis días pueden parecer razonables entre informes, reuniones, competencias administrativas y agendas políticas, pero veintiséis días son también veintiséis noches. Son casi cuatro semanas para quienes viven en una ciudad sometida a una situación excepcional. Para los agentes que trabajan bajo una presión extraordinaria.
Para los servicios públicos obligados a absorber una realidad para la que ninguna ciudad puede estar preparada de un día para otro. Para los comerciantes que hacen cuentas. Para las familias que intentan continuar con su vida mientras todo a su alrededor parece haber cambiado. Una emergencia no mide el tiempo como lo hace una administración. No espera a que termine agosto.
No entiende de vacaciones. No sabe cuándo comienza un nuevo curso político. Simplemente ocurre. Y cuando ocurre, una de las obligaciones fundamentales de las instituciones es conseguir que el ciudadano perciba que alguien está al mando, que las decisiones se están tomando con la misma urgencia con la que los acontecimientos se suceden y que ningún territorio tendrá que levantar demasiado la voz para ser escuchado.
Por eso la reunión del Consejo de Seguridad Nacional es importante. Que se celebre significa reconocer que lo ocurrido en Ceuta tiene una dimensión que trasciende a la propia ciudad y merece ser abordado al máximo nivel. Por eso cuesta comprender que esa fotografía llegue veintiséis días después.
Si lo ocurrido posee suficiente gravedad como para reunir extraordinariamente al máximo órgano de asesoramiento en materia de seguridad nacional, ¿por qué han tenido que pasar casi cuatro semanas para que esa reunión se produzca? Las instituciones no siempre pueden impedir una crisis, pero sí pueden decidir cuánto tardan en tratarla como tal.
Quizá esta debería servirnos para aprender algo que va mucho más allá de Ceuta: en determinadas situaciones, reaccionar correctamente no consiste únicamente en tomar las decisiones adecuadas, también consiste en tomarlas a tiempo.
Para quien observa una emergencia desde lejos, veintiséis días pueden ser una cifra. Para quien vive dentro de ella, son veintiséis días de su vida. Y ningún ciudadano debería tener que preguntarse cuánto tiempo necesita su emergencia para que alguien la considere urgente.
La Confederación de Empresarios de Ceuta (CECE) ha solicitado al Ministerio de Economía la puesta…
El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, ha asegurado que…
La detención de dos de los adultos arrestados por la presunta agresión y el intento…
El Gobierno de España ha solicitado formalmente a la Comisión Europea (CE) financiación de asistencia…
Trabajadores del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta han trasladado públicamente su…
La barriada del Príncipe Alfonso es una de las que más está notando la presencia…