Categorías: Opinión

¿Y qué nos importa?

Empezó la carrera electoral demasiado pronto. Los partidos se han lanzado a una suerte de acusaciones que al común de los mortales poco importa.

De hecho no me quita el sueño que Aróstegui haya fagocitado a Alí o que éste se ponga a darse golpes en el pecho de santurrón y fiscalizador con la historia de acercamientos que ya pesa sobre su espalda y la de sus siglas. Mucho menos que Carracao maniobre para buscar el hueco de los indignados colocándose al estilo González la chaqueta de pana buscando una identificación con el obrero, con lo social, con la lucha de una calle que no tiene la ‘buena suerte’ de llevarse tres sueldos a su casa más o menos escondidos, más o menos conseguidos con el sudor propio o de la colocación.
Y si me preguntan sobre el devenir de un PP que, como partido, está más que muerto y busca ejemplificar con una triste Copa de Navidad la posesión de las garras para llevarse la presa el próximo 2015, les diré que ni me importa ni forma parte, además, de las preocupaciones inmediatas de buena parte de la ciudadanía.
La locura electoral surge entre quienes viven de ello. Porque desgraciadamente resulta imposible encontrar a aquel que quiera dedicarse a esto de la cosa pública por vocación, por querer mejorar su pueblo por hacer algo por el bien de los mortales. La locura del voto ha formado parte ya del modo de hacer política de quienes viven de ello, de quienes tienen difícil trabajar en otras áreas de la vida con mayor o menor éxito si no se aferran al oficio de político.
Así es complicado, sino imposible, que la ciudadanía vuelva a confiar en quienes optan a gobernarnos o a tener poder de decisión en cualquier parcela. Asistimos indignados a las luchas entre unos y otros, a cómo empiezan a aparecer esos personajes que con una cuenta de twitter y un acercamiento al número 1 del partido se significan creyéndose ellos mismos su propia valía. Sus guerras, sus enfrentamientos, su lucha encarnizada y sus visitas a las barriadas buscando ya el voto de manera descarnada resulta tan esperpéntica que a una le llama demasiado la atención cómo no se dan cuenta del ridículo tan espantoso que causan.
¿Saben cuál es nuestra preocupación como padres de familia? Que podamos cubrir el mes de forma digna. Solo eso. Porque la dignidad se la llevaron los malos gestores, los muchos que equivocaron su bolsillo con el de todos; los muchos que hasta se permiten el lujo de insultar a nuestra inteligencia jugando con el ‘concepto’ crisis a su interés: ahora sí, ahora no.

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