El área de Menores de la Ciudad se afana en la búsqueda de salida para que los MENA no tengan que ser expulsados a Marruecos tras cumplir la mayoría de edad. En Melilla Prodein denuncia que el 80% es deportado. Son las dos caras de una misma moneda: la de los transfronterizos que llegan a las dos ciudades hermanas en busca de un futuro que puede verse truncado a los 18 años. Con la mayoría de edad a cuestas el reglamento de extranjería amenaza con provocar que, en base a la ley, tengan que ser expulsados a Marruecos, su país de origen. El caso es que no se estaría expulsando a un inmigrante que lleva horas en Ceuta o Melilla, sino a uno que ha permanecido años en alguno de sus centros de acogida. Esa formación, esa enseñanza y esos programas educativos puestos en marcha quedan truncados ante la amenaza de la expulsión.
En Ceuta tanto el área de Menores de la Ciudad como el equipo de Extranjería que depende de la Delegación del Gobierno buscan la interpretación del reglamento más flexible y adecuada al futuro del MENA. Así, por ejemplo, el permiso de residencia que obtiene el menor no se revoca cumplidos los 18 años permitiendo la estancia del marroquí hasta los veinte, agotando al máximo el plazo. Se abre así un periodo en el que se puede buscar una salida para cada uno de esos antiguos menores ahora convertidos en adultos.
La Ciudad dispone de dos pisos tutelados, trabaja por conseguir algún contrato sociolaboral y busca que sean acogidos por algún programa de la organización social Mensajeros de la Paz, del padre Ángel. La idea es evitar que, tras haber recibido una formación, tengan que volver a Marruecos. Entre ese grupo de antiguos MENA que ha conseguido salir adelante con apoyos de la Ciudad está Mohamed Marhum. Tras lograr el visado permanente este atleta con cuantiosos premios a sus espaldas ha conseguido hacerse un hueco entre la bolsa de residentes legales en el país. Otros compañeros se han quedado en el camino y tras no conseguir ni trabajo, ni contrato han tenido que regresar, por ley, a su país de origen, Marruecos. Una medida de expulsión que es legal, que cuenta con el amparo del Defensor del Pueblo, pero que supone una sangría para el trabajo desarrollado durante años por el equipo educativo de la Ciudad.
Qué hacer con los MENA que cumplen 18 años es, sin duda, el auténtico reto político. Un reto que se afronta de distinta manera en Ceuta y Melilla. Mientras que en la ciudad se trabaja por conseguir la integración y residencia del menor, en Melilla, según denuncia la oenegé Prodein, se apuesta por la expulsión.
En Melilla, otro panorama
Así las cosas, según los datos publicados por esta entidad, entre el 80 y el 85% de los jóvenes inmigrantes que llegan a Melilla terminan siendo deportados cuando cumplen los 18 años. Según el máximo representante de dicha oenegé se apuesta por evitar que el menor conozca la posibilidad de trabajar por quedarse en España. “Sus propios tutores evitan que inicien los trámites y descartan así la posibilidad de que se conviertan en ciudadanos españoles”, matiza José Palazón, presidente de la Asociación Prodein. El oscurantismo que a juicio de Palazón se da en Melilla sería contrapuesto al que se estila en Ceuta.
La problemática a la que se enfrenta el país con este tipo de menores tiene mucho que ver con la actitud de Marruecos que imposibilita la repatriación de los marroquíes cuando, siendo niños, acceden por las fronteras a cualquiera de las ciudades.
En Andalucía son casi mil los niños que están bajo la tutela de la Junta sin posibilidad de que Marruecos los reconozca como súbditos suyos lo que posibilitaría la repatriación. En Ceuta resulta imposible que alguno de los 135 niños acogido pueda ser devuelto a Marruecos. El no reconocimiento que el país hace de Ceuta y Melilla imposibilita dicho trámite. De hecho el Consulado de Algeciras -al que Ceuta debería remitirse para conseguir una repatriación- comunica que Marruecos no acepta ningún niño marroquí que sea entregado desde la ciudad autónoma.
Para una familia marroquí ‘colocar’ un niño en España es un logro. Los vínculos de unión entre el menor supuestamente perdido y su familia se mantienen, siendo un hecho normal que en festividades como el Ramadán el número de transfronterizos descienda notablemente en los centros de acogida ya que éstos acuden a celebrar la fiesta con sus padres.
Con esta problemática de fondo y con menores que a menudo son víctimas del sistema, las administraciones buscan salidas airosas para encontrar sentido a una tutela que se extiende durante años sobre la misma persona.






