En el diario El Mundo, creo que en fecha domingo 18 del pasado mes de julio, se insertaba un artículo firmado por uno de los normales colaboradores del citado periódico, con el título : “Y Bibiana tenía razón”, que es fácil deducir, ser relativo a la desafortunada, adjetivándola muy suavemente, afirmación, de la Excma. “miembra” del Gobierno de España, Ministra, creo, de algo que le denominan “igualdad” o análogo, en la que manifestaba: “ un feto es un ser vivo, pero no un ser humano”. Con afirmaciones como éstas, a pesar de la “ignorada” crisis, ya no son necesarias, ni la “amistad entre civilizaciones”, ni las “huelgas de controladores o transportistas”, ni las subidas del “iva” o del “venía”, ni las “conjunciones interplanetarias obama-zapateriles según la luminosa profecía leiriana-pajiniana”, ni la construcción, “digna” de los más ilustres cartógrafos, del “mapamundi del clítoris bibianesco”; ya todos viviremos en completa felicidad en este nuestro nuevo “estado amigo del bienestar castro-chaviano”.
¡Válgame Dios!. Hay una “jota” que aprendí de muy joven y que dice: “Mi madre me lo decía / y yo me lo considero/ que el que no tiene cabeza/ no puede gastar sombrero.”. Y así sucede; sin sombrero las altas temperaturas que hemos estado disfrutando han reblandecido los “sesos” que se les supone debían portar ciertas “personajas”.
Antes de proseguir, desearía dejar bien sentado que en ningún momento ni espacio deseo menospreciar, no tengo la más mínima categoría para ello, a nadie por sus creencias o afirmaciones, manifestando, al mismo tiempo, mi más profundo respeto a sus personas, lo que no me impide afirmar mi más rotunda discrepancia con su ideario. Quizás en algunas manifestaciones parezca excesivamente duro, pero es que el camino por el que caminaremos es muy escabroso y empinado.
Es cierto: “humano” es relativo al hombre o propio de él, y ni para el autor del artículo, ni creo que para nadie, un “feto” se pude identificar como un “niño”; el “niño” es un ser vivo que se encuentra en la “niñez”, y ésta, es el primer periodo de la vida de un hombre desde el instante en que vive ya totalmente desprendido del seno de la madre. Persona, art. 30 del Código Civil.
Después de analizar, creo que en profundidad, el susodicho artículo, modesta y subjetivamente encuentro que, tanto el autor como todos aquellos que comulgan con sus mismos principios, recorren una senda en la que se identifican dos esenciales hitos: el “ser humano” y “el alma”, que en la realidad, al entroncarse y enlazarse desde el primer instante, se transforman en uno solo: el proyecto divino – de Dios – de la creación de un nuevo ser. Aquí comienzan las divergencias entre el creyente y el no creyente. Parece deducirse, sin ningún viso de equivocación, que el articulista se declara pertenecer a este segundo grupo. No así el autor de esta réplica; se manifiesta profundamente creyente por lo que todo su escrito se basará y apoyará en lo que la Iglesia Católica expone en relación a la Ley Natural o Divina y, por lo tanto, no exenta de cientifismo positivista.
La Excma. Sra. Ministra, pontifica en su “docta” proclama: “Un feto es un ser vivo, pero no un ser humano”.
El Código de Ética y Deontología Médica, en su Art. 25.1, se expresa: “No es deontológico admitir la existencia de un periodo en que la vida humana carece de valor. En consecuencia, el médico está obligado a respetarla desde su comienzo. No obstante, no se sancionará al médico que, dentro de la legalidad, actúe de forma contraria a este principio.”
En sus comentarios al Código, el Dctor. Herranz Rodríguez, explica que,” el Código no acepta la existencia de seres humanos carentes de valor. Sentada esta doctrina, el art. 25.1 impone el respeto a la vida desde su comienzo. Y, obviamente condicionado por la ley vigente, expresa, sin nombrar el aborto, - pero se sobrentiende que lo engloba- una condena ética de la destrucción de la vida prenatal. Así mismo, el art. siguiente, 25.2, habla ya del “ser humano embrional”.
Del contenido del ya citado artículo inserto en El Mundo, para su autor y para todos los que, según él, con él comulgan, sólo existe vida humana cuando el feto de considere “ser humano”. Pues bien, lo mejor será estudiar o pretender conocer lo que puede ser un “ser humano prenatal o embriofetal”. Nos preguntamos: ¿ Qué es biológicamente un ser “humano”?. Contestamos: Es un individuo vivo, cuyo “genoma” le hace perteneciente a la especie “Homo sapiens”, según los datos más recientes de la Biología Molecular moderna. Al mismo tiempo, un “genoma” es la información que define cómo es, cómo se desarrolla y funciona un ser vivo individual. Es el manantial de instrucciones, el programa genético del cuerpo de un ser vivo, lo que constituye su único patrimonio hereditario. En este programa están también escritas las enfermedades genéticas del individuo, heredadas de sus padres. Todos los seres vivos, plantas, animales y el ser humano, tienen su propio genoma individual.
Seguimos preguntándonos: ¿Cuándo aparece el “genoma”?. Inmediatamente después de la fusión de un espermatozoide con el óvulo, es decir, después de la fecundación, aparece un nuevo ser vivo distinto de sus padres; un nuevo ser que no existía antes, individual, con posesión de un sistema de identificación infalible, único e intransferible. Este nuevo ser, es un experimento irrepetible. Es un nuevo ser y es “humano”, luego es un “ser humano”, uno más de nuestra especie “Homo sapiens”, de acuerdo con los hallazgos científicos más recientes.
En una palabra: cigoto, molécula, pre-embrión, embrión, … bebé, niño, adolescente, joven, adulto, anciano,… son sólo etapas temporales del desarrollo de un único ser individual. El que un nuevo ser vivo sea humano, no depende de la forma exterior determinada que tenga en cada momento de su vida, sino de la información que existe en su “genoma” desde una sola célula. Todos hemos sido una célula una vez.
Pretende Vd. o pretenden Vds. establecer unas tranquilas conversaciones o discusiones entre abortistas y antiabortistas; reconocen que como es lógico no se llegaría nunca a un acuerdo y, añaden, al menos sí se llegaría a entender la moral del bando contrario. ¡Terrible error!.
Jugamos con “la moral” y con la “ética”, sin comprender ninguna de las dos, como un churrero juega con la masa y con el aceite, para fabricar los distintos “churros” o “porras” para los desayunos.
No es este ni el momento ni el foro adecuado para conferenciar sobre esas dos disciplinas científicas. Ahora bien, se estaría dispuesto a ello, cuando la “docta miembra” y su cohorte de “miembras o miembros”, del también “docto y abortista gobierno de españa”, que los católicos disfrutamos, así lo requieran. Para el Dctor.. Lorda, Doctor en Teología y Antropología, la Moral es única y de valor absoluto. Dice: “No hay dos morales, una de mandamientos y otra de amor, sino que la segunda incluye, “plenifica” y supera la primera.” Y sigue diciendo: ”La Moral es un estilo de vida basada en nuestra relación con Dios. Es, en definitiva, el arte de creer en Dios. Y esto diferencia la Moral de la Ética. La Ética es el resultado de una reflexión filosófica. Intenta fijar mediante un análisis del hombre y de su entorno, los principios por los que el hombre tiene que actuar y los aplica a cada situación.” Comprendo y me hago cargo de que esto es muy difícil de comprender para tantas “miembras” y miembros. ¡Si no creemos en Dios…!
“Para muchos de nosotros un embrión no es – todavía – un “ser humano”. Para otros parece ser que sí. … estos dan por supuesta la existencia del alma, mientras que nosotros no solemos creer en ella, nos limitamos a creer en el cerebro y en su grado de desarrollo”, … “…los que no creemos en el alma como algo espiritual e independiente del cuerpo, estamos convencidos de que el feto de unas semanas no tiene la conciencia de un niño… y en este sentido es un ser vivo, pero no un ser humano,” comenta el articulista. Qué podemos decir de toda esta exposición. Subjetivamente no creo que sea por ignorancia; pero sí por su amoralidad y ausencia de Fe. Fe, es una virtud teologal, que el Sumo Hacedor concede misteriosamente a quien cree conveniente. Si no la poseemos es imprescindible buscarla.
Pero para apoyarse e intentar demostrar la verosimilitud de sus erróneas teorías acuden al “magno Doctor dominico y aristotélico”, Santo Tomás de Aquino y al fiel, en principio, seguidor de Platón, Aristóteles. Reconozco humildemente mi incapacidad de encontrar en tan sublimes filósofos la doctrina que se les atribuye, a ambos, de que “ el alma humana (racional) no nace en el instante de la concepción, sino que el feto sólo tiene al principio - ¿cuánto dura ese “principio”, nos preguntamos? – alma sensitiva (animal)”.
Sin embargo, sí sabemos por sus escritos, los postulados señalando todo lo contrario. Platón, maestro de Aristóteles afirma que “ el fin del hombre coincide con aquello que es su principio, esto es, con Dios.” Y ya cree en el alma. “ Al crear el universo, creó las almas, en un número igual al de los astros, asignando un astro a cada una de ellas … aquel que en realidad haya dirigido el curso de su vida de conformidad con las directrices del astro, que le fue señalado, alcanzará al morir una vida dichosa.” (Timeo)
Su discípulo, Aristóteles, que sigue fielmente su doctrina, rompe, al final, con el maestro: “ … sin embargo, cuando aquel nexo particular de materia y forma – cuerpo y alma – se rompe con la muerte y el alma no tiene posibilidad de una supervivencia autónoma, la inteligencia activa, que es propia de Dios, ya no puede seguir ejerciendo su función y se retrae.”. Para Aristóteles, “… siendo el individuo el resultado de la íntima compenetración del alma y cuerpo, aquella no podría subsistir después de la muerte.”
El Santo dominico, alumno de San Alberto Magno, al hablar sobre el hombre, sentencia: “ … único es el principio formal por el cual vive, siente y entiende, es decir, el alma que se une inmediatamente al cuerpo, sin intermediarios…no es una sustancia separada, sino forma parte del cuerpo con el que constituye un compuesto sustancial.”
Afirman no creer en el alma y por eso exponen que un feto o embrión no es “todavía” un “ser humano”. Creen solamente en el grado de desarrollo del cerebro. Al no creer en el alma espiritual e independiente del cuerpo, se encuentran convencidos que un feto de unas semanas no tiene la conciencia de un niño. Si definimos la conciencia como “ el conocimiento de sí mismo y de sus propios estados”, o mejor, “ el sentimiento interior del bien y del mal”, de nuevo preguntamos: ¿cuándo tiene lugar la aparición del sentimiento en el feto? ¿en el seno materno o fuera de él?. Si es fuera de él, ¿a las 24 horas, a las 48, a los 10 días, a los diez años, … cuándo?. No seamos embaucadores y nos apoyemos en fantasías y falsedades para distorsionar la Ley Natural.
El “alma”, podemos expresarla, “como una sustancia espiritual, simple e inmortal, que informa al cuerpo humano y con él constituye una unidad esencial. Es una en cada individuo y realiza las funciones de orden vegetal y sensitivo y, además, las de carácter racional, éstas más específicas del ser humano”. Nace en el mismo instante del nacimiento del nuevo ser formando un solo cuerpo.
En el tema del “aborto” se ha querido ver una cuestión religiosa, como si se ventilase un problema moral que atañe sólo a la religión cristiana. Se impone acabar con este equívoco, al mismo tiempo que se impone conocer qué es el feto en el vientre de la madre antes de su nacimiento.
Hablan Vds., para mi modesta y corta inteligencia, con un grado muy ligero de raciocinio, sobre el desarrollo del feto, así como de su cerebro, en unas semanas. Aurelio Fernández, Doctor en Teología por la Universidad de Friburgo (Alemania) y profesor en la Universidad de Maguncia (Alemania), explica que “las ecografías y demás sustancias de análisis, demuestran que a las 10 semanas del embarazo estamos ante un organismo humano ya constituido. Desarrollando esta afirmación, según datos de la Embriología, a las dos semanas se inicia el desarrollo del sistema nervioso; a las tres semanas, empieza a diferenciarse el cerebro y el corazón inicia sus latidos; a los cuarenta días de la fecundación, se puede hacer al corazón un electrocardiograma y poco después el encefalograma detectará actividades en el cerebro; … así seguirá desarrollándose hasta los veinte años aproximadamente.
¿Pueden, Vds., señores increyentes señalarnos exactamente cuando el feto, después del desarrollo expuesto, se puede considerar “ser humano”? ¿Serán capaces de ello?.
La, llamémosla así, nueva “ley del aborto”, permite abortar voluntariamente a las 14 semanas. En ese momento, según la Embriología, ya se ha iniciado el sistema nervioso, se diferencia el cerebro y funciona perfectamente el corazón, y ya en el encefalograma podemos detectar actividades en el cerebro. Como no creen en el alma -esta sobra- se limitan a creer en el cerebro y en su grado de desarrollo. ¿Nos pueden decir qué “grado de desarrollo”, ¿hasta donde llega el tal “desarrollo”?. En mí, creo ya, abultada y supina ignorancia, no puedo hacerme idea de que puedan existir tan y tantos falsos personajes y “personajas” embaucadores que por odio, rencor, llamémoslo como queramos, incluso, con suprema benevolencia, “majestoso y supremo desconocimiento” de la naturaleza humana, a la Ley Divina y Natural, defiendan engañosamente el más oscuro, sangriento y horrible crimen. Porque oíganlo bien y claro, el aborto voluntario es un horrendo crimen. ¿A quién se le ha dado autorización para destruir libremente un “nuevo proyecto divino” del cual, los padres son solamente instrumentos circunstanciales?. Como afirman los filósofos, el feto no es “algo” sino “alguien”. O como escribe el filósofo alemán, Spaemann, “todos los hombres son personas”.
“La dignidad de la vida da lugar a una enseñanza que en la Ética goza de carácter de principio inviolable: toda la vida humana debe ser respetada. Ello exige que se proteja y defienda también la concebida y aún no nacida,” sigue diciendo el. Dctor. Aurelio Fernández.
El término “aborto” deriva de “ab-ortus”, privar de nacimiento, pero el verbo latino “aborior” significa matar. Por consiguiente, abortar significa también matar a un ser humano. Es necesario, también, rechazar otra terminología falsa: “interrupción voluntaria del embarazo”: “interrumpir” significa que algo, después de interrumpirse, puede ser nuevamente reanudado. Lo contrario del “aborto”, que “suprime” una vida sin posibilidad alguna de “reanudarla”.
En el primer Código Ético de la Medicina, el Juramento Hipocrático – siglo V antes de Cristo – ya se condenaba el aborto en los siguientes términos: “Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me lo soliciten; ni administraré abortivo a mujer alguna.”
A propósito, Juan XXIII, en la Encíclica “Pacem in terris”, recuerda: “Tutelar el intangible campo de los derechos de la persona humana y hacer fácil el cumplimiento de sus obligaciones, tal es el deber esencial de los poderes públicos. Por esta razón, aquellos magistrados que no reconozcan los derechos del hombre o los atropellen, no sólo faltan ellos mismos a su deber, sino que carece de legitimidad lo que ellos prescriben.” .
Para ello en toda la tradición de la Iglesia Católica, se encuentra también la doctrina sobre la necesaria “Conformidad de la Ley Civil con la Ley Moral”, tal y como recoge Juan XXIII en la citada Encíclica: “La Autoridad es postulada por el orden moral y deriva de Dios. Por lo tanto, si las leyes o preceptos de los gobernantes estuvieran en contradicción con aquel orden y, consiguientemente, en contradicción con la voluntad de Dios, no tendrían fuerza para obligar en conciencia … ; más aún, en tal caso, la Autoridad dejaría de ser tal y degeneraría en abuso.” Y ya que son tan “entusiastas” de Santo Tomás de Aquino, el monje dominico, entre otras cosas escribe: “La Ley humana es tal, en cuanto está conforme en la recta razón y, por tanto, deriva de la Ley Eterna. En cambio cuando una Ley está en contraste con la razón, se la denomina “ley inicua”; en este caso deja de ser ley y se convierte, más bien, en un acto de violencia”, y añade”: “Toda ley puesta por los hombres tiene razón de Ley en cuanto deriva de la Ley Natural. Por el contrario, si contradice en cualquier caso a la Ley Natural, entonces no será ley sino corrupción de la ley.” (Suma Teológica, q.93,a)
La primera y más inmediata aplicación de esta, llamémosla, doctrina, hace referencia a la ley humana que niega el derecho fundamental y originario a la vida, derecho propio de todo hombre, como la “ley del aborto”, que legitima la eliminación directa de seres vivos humanos inocentes. El aborto así, es un crimen que ninguna ley humana puede legitimar. La ley de este tipo no sólo no crea ninguna obligación de conciencia, sino que, por el contrario, establece una grave y precisa obligación de oponerse a ella mediante la objeción de conciencia.
Para los que SÍ creemos en Dios y en cuánto significa y exige, “Bibiana NO tiene razón”.
Terminaremos citando a Tertuliano: “Es un homicidio anticipado el impedir el nacimiento; poco importa que se suprima la vida ya nacida o que se la haga desaparecer al nacer. Es un hombre el que está en camino de serlo.”
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