Debates sin sentido. Enfrentamientos, horas de visualización de posturas, intercambio de ideas que al final sirven para un parto de contenidos vacíos. Es lo que sucedió ayer con las dos sesiones plenarias extraordinarias en las que el PP pudo sacar adelante las dos peticiones que cursará al Gobierno para modificar el Código Civil y la Ley de Protección del Menor. O sea nada. No fue más que una exhibición de fuerza y una mera escenificación de posturas ante su electorado porque sabe perfectamente que lo aprobado de nada sirve. Y eso es así principalmente porque estamos a las puertas de unas elecciones y, después, porque ningún Gobierno en su sano juicio va a dar el visto bueno a estas modificaciones en base a impulsos, sensaciones o momentos puntuales enmarcados en el fenómeno migratorio.
Todo lo debatido ayer es más propio de barras de bar que de análisis en foros como el pleno
El PP y solo el PP sabe realmente por qué ha querido llevar a debate precisamente ahora estos asuntos. Eso de la defensa de los intereses de Ceuta ya no se lo cree nadie, más aún cuando se usan argumentos más bien encuadrados en el debate político extremo al que nos estamos acostumbrando, por desgracia, a navegar. El ‘nos invaden’ genera un efecto psicológico que, sumado a la combinación de una serie de sucesos, da forma al cóctel molotov perfecto para sacar a la luz estas teorías.
El PP ha sido incapaz de sostener con datos objetivos las dos propuestas aprobadas
En el caso de las nacionalidades no pienso perder más tiempo. Ellos saben que es falso lo que dicen. No tienen más que preguntar cuántas nacionalidades se han concedido o averiguar si todas las parturientas que pasan por el Hospital solicitan después esa nacionalidad. Es falso y lo saben. Pero es un debate que ahora mismo cuadra muy bien en el ámbito de las tensiones dialécticas y la falsa defensa de España que nos están vendiendo determinados partidos.
En el caso de los menores, no hay más que mirar hacia atrás para comprender en qué momento nos encontramos y saber si la situación es tan crítica como para solicitar la modificación de toda una Ley creando una especie de ciudades al margen en este lado del Estrecho. Todo lo acordado ayer de nada sirve, carece de fundamento, además de constituir un cúmulo de aberraciones más propias de debates de barra de bar que de un foro como el pleno.






