El calendario anual vuelve a traer consigo una de las rutinas más comentadas: el cambio de hora. En esta ocasión, la medida afectará a todos los países de la Unión Europea, incluida España, y supondrá atrasar el reloj una hora, también en Ceuta, con el objetivo de aprovechar mejor la luz natural durante los meses de menor radiación solar, volviendo al horario de invierno.
Aunque para muchos ciudadanos esta variación significa dormir un poco más, también implica jornadas en las que anochece antes, con el consiguiente cambio en los hábitos cotidianos.
Según la normativa publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE), el ajuste tendrá lugar en la madrugada del domingo 26 de octubre de 2025. Ese día, a las 03:00 horas, los relojes deberán retrasarse hasta las 02:00. Este procedimiento marca oficialmente el inicio del horario de invierno, que se prolongará durante los meses siguientes hasta la llegada de la primavera de 2026.
El sistema de doble horario se aplica de manera coordinada en la Unión Europea. Cada año se produce un ajuste en marzo —cuando se adelantan los relojes para dar paso al horario de verano— y otro en octubre, con el regreso al horario de invierno.
En España, la regulación continuará en vigor hasta al menos 2026, a la espera de que Bruselas decida si se mantiene o se elimina definitivamente este sistema, cuyo futuro lleva años en debate.
El antecedente más conocido se remonta al siglo XVIII, cuando Benjamin Franklin planteó que aprovechar la luz solar podía reducir el gasto en velas. Sin embargo, su aplicación práctica no llegó hasta 1916, en plena Primera Guerra Mundial, como medida de ahorro energético.
En España, la adopción del horario común comenzó en 1918, aunque no fue constante: durante la Guerra Civil, cada bando mantuvo su propia referencia. Más tarde, en 1940, el país se alineó con el huso horario de Alemania por decisión del Gobierno de Francisco Franco, una referencia que se mantiene hasta hoy.
Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre las consecuencias del cambio de hora. Algunos estudios destacan que el sueño se altera de forma temporal al modificarse la producción de melatonina, lo que puede causar fatiga, irritabilidad y cambios en el estado de ánimo. Niños y mayores suelen ser los más sensibles.
Otros expertos restan importancia a estas alteraciones y subrayan que la variación de luz natural a lo largo del año es un fenómeno inevitable. En su opinión, la adaptación suele completarse en pocos días y no tiene efectos duraderos sobre la salud.
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