Ni siquiera la muerte de uno de sus compatriotas ha disuadido al colectivo de argelinos de perseverar, día tras día, en la peligrosa aventura de intentar colarse en el puerto para, posteriormente, ocultarse en alguno de los buques que zarpan con destino a Algeciras.
Se les puede ver trepando, de noche o incluso a plena luz del día, justo en el punto desde donde se precipitó el pasado 15 de abril Khaled Mansour, un joven de apenas 33 años que moriría tres días después en el Hospital Universitario víctima del grave traumatismo craneoencefálico que le provocó la caída. Con el cuerpo de su amigo ya en la Península camino de la Argelia natal, el grupo ha vuelto a las andadas. La imagen que acompaña a esta información fue tomada a finales de la pasada semana en el muro situado junto a la estación de servicio de Cepsa. Desde esa altura, entre seis y ocho metros, cayó Khaled pero el suceso, que incluso provocó una manifestación del grupo de magrebíes reclamando poder cruzar el Estrecho, aparenta haber pasado a un segundo plano. Los argelinos pretenden viajar a la Península del modo que sea, y el camino más corto –aunque ilícito– parece que continúa siendo intentar saltar un muro, salvar la alambrada que lo corona y esconderse al otro lado, ya en el interior de las instalaciones portuarias, hasta encontrar el momento idóneo que les permit trepar por las amarras de un ferry u ocultarse en algún contenedor de residuos. “Están aquí todos los días. Imagino que les dará igual que uno de ellos haya muerto, y el riesgo que supone. Seguro que lo siguen intentado”, augura el dependiente de un establecimiento comercial cercano de la Avenida Juan de Borbón, la antigua Cañonero Dato. Es a lo largo de esa arteria del puerto donde se concentran durante un buen puñado de horas al día los argelinos que con cuentagotas van accediendo a Ceuta a través de la frontera. El proceso, que conocen incluso antes de atravesar la frontera con documentación marroquí falsa, les llevará luego hasta el CETI, donde apuran sus posibilidades de dar el salto a la Península tras solicitar un asilo que, saben, tardará meses en recibir una respuesta definitiva. La de Khaled fue la última, pero el riesgo que parecen estar dispuesto a bordear los inmigrantes para burlar la vigilancia policial ha dejado ya un rosario de muertes. Por caídas desde las alturas, asfixiados entre la basura... Cualquier fórmula vale para acelerar el tránsito hacia Europa. La imagen de las últimas jornadas ratifica que, salvo alguna medida especial por parte de la Policía con competencias en el recinto portuario, seguirán intentándolo.






