Vivas ha solucionado la crisis motivada por la dimisión del consejero de Sanidad, Consumo y Gobernación, Javier Guerrero, en menos de veinticuatro horas. Y es que no le quedaba otro remedio porque esta Consejería, en plena tercera ola de la pandemia y con un índice acumulado superior a los quinientos por cien mil habitantes, es imposible que esté descabezada. Además, la solución adoptada era la que tenía más visos de salir adelante porque no le quedaban muchos movimientos. Gaitán a Sanidad y, por otro lado, quien era su mano derecha en Fomento y Turismo será quien le sustituirá cuando se produzca su nombramiento como diputado en la Asamblea.
Y es que desde que Vivas, por sentencia de los tribunales, no tiene la posibilidad de nombramiento de consejeros no electos, aunque el Gobierno sigue pensando que tiene la razón, pero para no tener problemas con la Justicia la ha aceptado. Por ese margen de maniobra no quería tampoco remodelar muy en profundidad su Ejecutivo. Poco y salir de esta situación que no la ha buscado sino que ha venido motivada por el error político efectuado por su vicepresidente tercero del Gobierno.
Desde luego, Gaitán se va a enfrentar a el área más difícil que ha tenido desde que hace casi dos años entró en política, en un principio para tres meses y sacar a Vivas del problema que suponía que Chandiramani dejara el Gobierno para irse como diputada al Congreso para ser representante de los ceutíes tras la marcha de Juan Bravo al Gobierno andaluz.
Por tanto, ahora se inicia una nueva etapa y la manera de llevarse directamente la Consejería de Sanidad será muy distinta a la de Javier Guerrero porque la manera de entender la política es totalmente distinta en la personalidad de Alberto Gaitán.






