Carta al director

La violencia verbal en el fútbol infantil no puede normalizarse: el deporte debería ser un espacio de aprendizaje, amistad y respeto

A fecha 22 de febrero de 2026 asistí como familiar a presenciar la liga debutantes al Complejo de la Federación de fútbol, en el Morro, lo que debería haber sido un momento de alegría, deporte y convivencia se convirtió en una experiencia aterradora que, como ciudadana y familiar, siento la obligación de exponer públicamente.  

Durante el partido, la conducta de una madre del equipo contrario fue totalmente inaceptable. Gritos constantes, insultos dirigidos a la árbitra, instrucciones agresivas a su propio hijo para “dar fuerte” en vez de jugar al balón, y un ambiente de miedo que afectó tanto a los niños como a los padres presentes.

Estamos hablando de niños que apenas están aprendiendo a controlar un balón, y aun así tuvieron que presenciar un espectáculo de agresividad y hostilidad innecesarias. 

Lo más preocupante fue que los gritos y actitudes de esta adulta contenían referencias que rozaban la discriminación religiosa, aludiendo al origen de uno de los niños presentes y creando un ambiente aún más tenso y peligroso, pese a que todo ocurrió por acciones completamente normales de los niños jugando al fútbol, como un contacto propio del juego. Incluso hizo entender que “si fuera al revés, no veas cómo se ponen”.  

Quiero recalcar, nuevamente, que todo esto sucedió en plena presencia de menores, quienes deberían aprender sobre respeto, compañerismo y diversión, y no miedo y violencia verbal. 

Además, no se trata de un incidente aislado: según se pudo comprobar, este comportamiento ya se ha repetido en ocasiones anteriores. 

Me pregunto: ¿Dónde queda la convivencia, la armonía y los valores que el fútbol y cualquier actividad deportiva deberían transmitir? Lo ocurrido hoy no es una anécdota; es un llamado de atención urgente para que los clubes, entrenadores y autoridades locales actúen, protejan a los niños y garanticen un ambiente seguro y educativo. 

El deporte infantil debería ser un espacio de aprendizaje, amistad y respeto. Lo que presencié hoy fue todo lo contrario. Espero que sirva para que la comunidad tome conciencia y se establezcan medidas concretas que impidan que episodios como este vuelvan a repetirse. Los niños merecen disfrutar del fútbol sin miedo, sin insultos y sin violencia, por favor.  

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