Compañeras Quienes mejor conocían a Laura no podían creer lo ocurrido y aseguraban que era una chica ejemplar
Le quedaba un último parcial para terminar la carrera de Enfermería. Lo tenía el día 14 de diciembre y había venido apenas hacía una semana para concentrarse en el repaso de la asignatura de Médica Quirúrgica. “El último esfuerzo para culminar lo que tantas horas de estudio le había costado”, repiten sus compañeras que aún no se podían creer que Laura G. M., una gaditana de La Línea de la Concepción con la que habían compartido tantas horas de clase y vivencias universitarias en Ceuta, y que “no hacía daño a nadie”, había sido asesinada.
Era bajita, morena, risueña, siempre dispuesta a ayudar a sus compañeros y “muy buena, sobre todo muy buena niña, nunca se metía en problemas, muy estudiosa, apenas salía, concentrada en la carrera y con muchas ganas de terminarla para regresar definitivamente a su tierra y vivir con su novio con el que ya llevaba tiempo”, explican sus compañeras. Él, había conseguido entrar en el cuerpo de la Policía Nacional y se encontraba en el período en prácticas. Ella, tras vivir tres años en Ceuta, había regresado a casa de sus padres, para estudiar allí las asignaturas sueltas que le faltaban para completar la carrera. Tenía una hermana mayor. Sus amigas amontonan datos sin creerse la noticia. “Quería volver, irse a vivir con su novio y trabajar de enfermera cerca de su familia. Era una chica normal, buena, sin más”, explican sus compañeras aún conmocionadas. “Dios mío sus padres, toda la vida criando a una hija, dándole unos estudios y además siendo tan buena... para esto, para que la maten sin más”, dicen sin explicarse los motivos del crimen y maldiciendo el destino y la mala suerte que le había tocado ya que “estaba aquí de paso”.
Indignación de sus amigas
Y además de la pena, mucha indignación entre todos los que la conocían por las informaciones que comenzaron a salir en algunos medios de comunicación que la relacionaban con el autor confeso de su muerte. “Ni lo conocía, ni tenía relación alguna con él”; “¿una violenta discusión antes de que la matara? ¿con Laura? ¡Pero si Laura era la prudencia hecha persona, por Dios!”. Aseguran que ella, como hacen muchos estudiantes, había venido hacía una semana para concentrarse en el último examen y quedaba libre una habitación en la vivienda del Edificio Calypso que era alquilada normalmente por estudiantes de Enfermería. Allí vivía otra chica y el presunto asesino desde hacía un tiempo. “Ella lo conoció cuando llegó hace una semana, pero nada más. La única relación que tenía con él era puramente circunstancial por irse allí a vivir al estar una habitación libre estas dos semanas y al residir él junto a otra compañera en la misma vivienda”.
Sus amigas, desconcertadas, repetían que “no podemos creernos lo que ha pasado. Además adoraba a su novio y lo único que quería era terminar e irse a trabajar y a vivir con él ahora que todo les estaba saliendo bien”. La noticia comenzó a correr como la pólvora y los datos contradictorios de algunas informaciones provocaron el enfado de los que la conocían “porque nadie puede decir nada malo de ella y lo de que se la podía relacionar sentimentalmente con esto chico es una barbaridad”. Hoy, todos los centrs académicos pertenecientes a la UGR, incluída la Escuela de Enfermería, guardarán cinco minutos de silencio en las puertas principales de los mismos, como condena y repulsa a un acto “que ha t erminado con la vida de una niña ejemplar y muy buena”.






