Cada vez que publicamos reportajes en los que narramos la llegada de inmigrantes a puerto, después de haber sido rescatados por las unidades de Salvamento Marítimo, nos enfrentamos al mismo resurgir de esos personajes que, escondidos tras un pseudónimo, escriben todo tipo de barbaridades. Las redes sociales son el fiel reflejo de cuál es el pensamiento que anida en un amplio sector de la población.
“Vienen a quitarnos el pan...”, “a darles de todo con nuestros impuestos”, “estos tipos qué nos traerán...”. Y así pueden ustedes añadir la hilera de barbaridades que quieran. Lo del ébola ya no se estila tanto. Como de momento no tenemos a ningún español en el hospital, bien poco nos importa que al otro lado de la frontera se esté produciendo una auténtica sangría de muertes. No nos afecta, no nos importa. Así de simple. Vivimos en el mundo de la hipocresía, de los valores virtuales, de los falsos sentimientos que quedan bien en las manifestaciones pero que no casan con nuestra forma de vida. Somos capaces de celebrar el Día de África o de buscar la salvación de las almas colaborando con el donativo del Domund, mientras a la vez rechazamos, despreciamos, criticamos, lamentamos la ayuda al resto. La invasión... ¿no era de esto de lo que nos hablaba el ministro? 30.000 subsaharianos están esperando para dar el salto por Ceuta y Melilla, ¿lo recuerdan? El mismo titular en 2014 que el que se dio en 2005, fíjense que ni en eso de colar cifras los políticos están sobradamente preparados. Se les notan las mentiras desde lejos. La noche del domingo, cuando 52 inmigrantes llegaban cansados, muertos de frío, asustados... decenas de voluntarios de Cruz Roja se entregaban a la ayuda a los demás, les daban cariño, les tranquilizaban, procuraban devolverles el calor perdido. Y eran escenas de humanidad, eran escenas de entrega sin mirar al resto, eran escenas de apoyo a quien no tuvo la suerte de nacer a este lado o, simplemente, tuvo la mala suerte de nacer en el continente más rico pero a su vez más sometido por Europa. Hacen falta pobres para que otros sigan siendo ricos; hace falta que África siga agonizando para que otras potencias continúen con sus negocios... hace falta ver escenas de humanidad, de cariño y de apoyo para que deje de haber inútiles que piensan que les van a robar su sitio en el mundo. Así nos va.
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