Sigue el ruido acompañado de bulos, de mentiras y de mucho odio. Sigue la campaña en contra de cualquier actuación que se lleve a cabo para conseguir una mejor relación entre España y Marruecos. Continúa la ola contra cualquier reunión oficial que esconde, en el fondo, un interés por permanecer alejados a una realidad que nos conviene. El anuncio de la fecha de reunión de Pedro Sánchez y Mohamed VI, del presidente de todos los españoles y el rey vecino, ha vuelto a levantar ampollas en muchos sectores. Será este jueves cuando se empiecen a plasmar acuerdos importantes como la reanudación de la OPE o la apertura de fronteras tanto marítimas como terrestres. Esas que los de Vox quieren tener cerradas en el marco de la obsesión que padecen con Marruecos, sin pensar en los colectivos que viven directamente del tráfico de uno a otro lado y que se están viendo muy afectados por esta situación. No se puede vivir con la zanahoria y el palo, ni se pueden hacer malabarismos para quedar con todos bien. Los de Vox lo pretenden, pero les sale el tiro por la culata, reclamando propuestas para apoyar al servicio público mientras, por otro lado, lo acuchillan negando la apertura de una vía como la del Tarajal que supone un elevado tanto por ciento de ingresos tanto para taxistas como para el servicio de autobús. De igual forma esa apertura da beneficios a transportistas y empresarios que, de siempre, han vivido del trasiego que genera una frontera que alimenta a uno y a otro lado. Confundir la apertura de fronteras con la invasión, con el bajarnos los pantalones ante Marruecos, con la antiespañolidad no solo es pueril sino que solo demuestra la obsesión de un partido que es imposible que quiera algo bueno para Ceuta con esas ideas fijas.
El viaje será importante como los acuerdos que salgan del mismo, las reuniones van a ser de vital importancia para el país, pero sobre todo para Ceuta y Melilla. Los asustaviejas ya hablan de ‘ventas de futuro’ y mueven a los tertulianos con sus audios falsos y sus miedos. Tenemos que arrastrar este tipo de inconvenientes que incongruentemente nacen de los que se consideran más españoles que nadie y resulta que lo que hacen es coartar el desarrollo de un país, no mirar por sus necesidades inmediatas y no garantizar la seguridad en una frontera sur que no puede vivir por más tiempo marcada por la inestabilidad.






