Ya termina la campaña para las fantasmagóricas elecciones europeas, ya se pone el punto y final al ridículo que hemos tenido que soportar especialmente de las formaciones nacionales. Eso de que se echen al barro es tan pueril… pero parece que no sepan hacer otra cosa.
PP y PSOE siempre han explotado eso de sentirse los únicos, los mejores, la alternancia obligada.
Unos y otros se autovenden como los salvapatrias, argumentando ser los que más y mejor han hecho por Ceuta.
Los primeros siguen viviendo de la venta de su Perejil, aunque ahora naveguen en esa especie de centro en el que no creen. Los segundos se venden muy bien, a pesar de vivir de sus eternas promesas durante años, ahora preñadas de los enfrentamientos a puñales que viven en el partido.
Entre tanto anuncio, visita y comunicado, una se pregunta si no han sido capaces de darse cuenta de su falta de conexión con el ciudadano. No llegan, no empatizan, no hablan de lo que nos interesa, no están con los problemas de la calle. Quizá porque a ellos no les afecta, y así les va.
Esta campaña ha sido un auténtico bulo. A las imágenes más propias de los chicos de la mítica ‘Sensación de vivir’ que han repartido a los medios mientras entregaban papeletas por los barrios, se han sumado las declaraciones alejadas de lo que realmente necesita entender esta Ceuta para que se conciencie de ir a votar el domingo.
No lo han conseguido, ni unos ni los otros. Los que dicen llevar la voz cantante y se dan tortas por ver quién la tiene más larga han logrado que la población esté pensando más en irse a Marruecos, a la Península, a la playa o a ver el partido del Ceuta frente al Nàstic que en comprobar el colegio en el que debe votar.
Pierden como siempre las oportunidades de empatizar con el ciudadano, de estar donde se debe. Lo pierden porque no saben romper con la máquina del interés puro que les mantiene.
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