El Grupo Antirracista de Defensa de Extranjeros y Migrantes (GADEM) y el Consejo de Migrantes subsaharianos en Marruecos (CMSM) han reflejado en un informe que los subsaharianos están siendo “acosados” por parte de las fuerzas del orden, que siguen una estrategia, destruyendo “los campamentos en los que están instalados y sus pertenencias, les requisan sin justificación sus documentos, los teléfonos y el dinero que lleven y los maltratan antes de arrestarlos y trasladarlos a la frontera con Argelia”. Todas estas denuncias las basan las oenegés en testimonios ofrecidos por los propios inmigrantes. En el informe elaborado se indica que los subsaharianos no se atreven a ir a las ciudades porque “la Policía bloquea las carreteras, mientras que los heridos no pueden dirigirse a los hospitales, ni a las farmacias para buscar medicamentos ante la probabilidad de volver a ser detenidos”, dicen. Esto da pie a que los grupos se separen, intenten vivir aislados buscando casas abandonadas o huecos en el bosque.
“Tras cercar el terreno, entraron en la casa y ordenaron salir a todo el mundo y dejar nuestras pertenencias (...) después prendieron fuego a las cosas: ropa, comida, mantas y los documentos de identidad”, explica uno de los inmigrantes que sufrió una intervención de las fuerzas del orden en una casa en los alrededores de Nador, cuando pretendía su entrada a la ciudad hermana de Melilla. Al otro lado de las vallas se reproducen estas situaciones sin que Europa denuncie las injusticias en sus foros particulares.






