Termina la Feria del Libro. Y termina con mal sabor de boca. Los libreros, tradicionales a un evento cultural que debería ser cuidado e incluso potenciado por la Administración, se han enfrentado a un auténtico fracaso de organización.
El varapalo a la cultura ha sido de órdago. De entrada, su coincidencia con la Feria de Día se ha convertido en un auténtico estrangulamiento. Durante los tres días de fiesta en la Plaza Nelson Mandela, la de los Reyes se convertía en una zona olvidada, solo reclamada por los más pequeños para participar de los distintos talleres de lectura dispuestos para ellos. Los libreros carecían de espacio suficiente pero, además, tampoco contaban con el apoyo especial y cuidado para convertir su lugar en un punto de referencia. Al daño directo provocado por la coincidencia de eventos, se suma la inexistencia de actividades de peso y la competencia provocada directamente por la Ciudad al organizar las presentaciones, escasas, de libros en la Biblioteca Pública. La cultura, está claro, ha ocupado un segundo plano, un lugar irrelevante, arrojada a un espacio perdido y sin disponer de la fuerza necesaria como para que sirviera de ayuda a un sector, el librero, que se enfrenta a una crisis eterna por la piratería y por pérdida de interés de determinados sectores. La reflexión a lo sucedido es obligada.
Los intentos de fraude que utilizan el nombre de organismos públicos siguen aumentando en España…
La Dirección General de Tráfico (DGT) ha puesto fecha a uno de los cambios más…
Este Mundial lo vamos a ganar. Lo quiere toda España y también, por supuesto, los…
La Hermandad de Santa María de África ha puesto en marcha una iniciativa para que…
La figura de Achraf Hakimi vuelve a situarse en el centro del debate sobre la…
La selección española afronta este viernes uno de los encuentros más importantes del Mundial 2026.…