Ya sabemos el origen de las numerosas asistencias por picaduras de medusas que están registrando en las playas. Y es lamentable que haya decenas de bañistas que estén sufriendo en las últimas semanas heridas por ello pese a que la Ciudad instaló a principios de junio 1,6 kilómetros de redes antimedusa en la bahía sur precisamente para proteger a los ciudadanos. Lo que ocurre es que hay vándalos que utilizan las mallas a modo de juego, para balancearse o colgarse de ellas e impulsarse luego al agua. Con esta práctica deleznable lo único que están consiguiendo, además de divertirse de una manera un tanto extraña e inusual, es que estos organismos penetren en la zona de baño, la misma que usan nuestros niños y mayores, por ejemplo, y causen heridas que en algunos casos son de traslado urgente al hospital. El portavoz del Gobierno hacía ayer un llamamiento a la responsabilidad de los usuarios, unos pocos refirió, que disfrutan lanzándose al mar desde las redes para pedirles que abandonen esta práctica, que roza el vandalismo. Es más, sugirió que la Guardia Civil, que patrulla el mar con sus embarcaciones, vigile de cerca a quienes cometen este tipo de actos. Es lo más oportuno. Por el bien de todos.
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