En nuestra sociedad, resulta inconcebible que un servicio tan fundamental como el médico a domicilio haya sido eliminado, dejando desprotegidos a los pacientes más vulnerables, especialmente a aquellos que, por su condición física, no pueden desplazarse a una consulta.
Recientemente, he vivido en primera persona la angustia de no poder contar con la atención médica en casa para mi madre, quien está encamada y sin fuerzas para caminar.
Al llamar para solicitar asistencia, me informó que Asisa había eliminado el servicio de médico a domicilio y que, en su lugar, sólo se disponía de ambulancias, un recurso claramente insuficiente para una atención adecuada y continua.
Esta medida no sólo es inhumana, sino que refleja una falta de sensibilidad hacia las personas con movilidad reducida y sus familias, quienes necesitan un apoyo sanitario especializado y personalizado en su entorno.
La ausencia de médicos y enfermeros a domicilio implica un retroceso en la calidad de la atención sanitaria, poniendo en riesgo la salud de quienes más dependen de ella.
Es imprescindible que las autoridades consideren la importancia de este servicio y actúen para restablecerlo cuanto antes. La salud es un derecho que debe garantizarse con dignidad y eficiencia, especialmente para quienes no pueden valerse por sí mismos.
No podemos permitir que decisiones administrativas privadas a los más necesitados de una atención básica y fundamental.
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