Tiene la música de Verdi la fuerza e intensidad de un martillo pilón golpeando un yunque, resonando en los oídos, atormentando en el alma de las gentes. La cadencia, a veces cercana al hielo, otras llameada, no dejaban (no dejan, no dejarán) a ninguna persona indiferente pues sus óperas tenían (tienen, tendrán) un alto contenido patriótico utilizadas antaño como himnos por quienes soñaban una Italia unida y libre.
Lejos de la efervescencia política, comida ésta por el terreno de la cultura y (paradojas por el tiempo que vivimos y el lugar en el que nos hallamos) el mundo sin fronteras, los espectadores que acudieron anoche al Teatro Auditorio del Revellín para presenciar Viva Verdi, disfrutaron con piezas gloriosas: La Traviata, Rigoletto, Nabucco y Macbeth.
Intervenciones corales, arias, dúos y tercetos se sucedieron en un recorrido narrado durante el que se explicó el significado de lo cantado y se comentó la obra interpretada. Este espectáculo, producido por ‘Tettamantti Producciones’, que contó con la colaboración de la Asociación Coral Andrés del Río Abaurrea, y que estuvo dirigido por el músico italiano, Giuseppe Monopoli, puso sobre el escenario a la soprano Rebecca Hall, el tenor Luis Alberto Giner, el barítono Carlos Andrade y el pianista Ignacio Pilone, todos colosales en la interpretación y ejecución. Y en darle nervio al momento. O sea: en revivir la fuerza de Verdi.