La visita girada ayer por el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz ha sido importante. Lo ha sido por el contenido, pero también por las formas. Es importante que quien representa la cabeza política de la seguridad en el país conozca Ceuta, visite el terreno en el que la Guardia Civil trabaja, sepa de sus medios y esté plenamente informado de qué es a lo que se enfrenta. Hablar desde la distancia no vale cuando se trata de hacer frente a una problemática compleja como es la de vetar el tránsito a las personas que persiguen la libertad. Tampoco vale cuando hay que significar el apoyo a los guardias civiles a los que se les ha llamado asesinos, a los que se les ha acusado de tirotear a inmigrantes, a los que se les ha vapuleado de forma constante e hiriente después del 6 de febrero.
Fernández Díaz es un ministro cercano, al que además no se le puede reprochar que haya intentado escurrir el bulto en la crisis abierta tras el 6-F ni, mucho menos, que haya pretendido ocultarse detrás de nadie ni de instituciones como la propia Benemérita. Ha defendido al Cuerpo y además lo ha dejado claro no solo en cuantiosas comparecencias, sino también en la entrevista concedida a este medio con la que deja claro la confianza en los mandos de la Guardia Civil (lo que significa confianza en todos sus agentes) contra los que se ha intentado incluso encarrilar una auténtica caza de brujas. Confianza plena pues en una familia, la de la Benemérita, que ha tenido que sufrir en silencio el convertirse en objetivo del hipócrita circo creado por asociaciones, entidades e irresponsables partidos políticos.
La visita del ministro significa la implicación máxima del Gobierno central para con Ceuta y Melilla. Fernández Díaz no ha venido aquí a hacer una visita relámpago, pasearse, hacerse la foto y huir. Muy al contrario. Ha sido una visita con tiempo, ha visto todo lo que tenía que ver, se ha entrevistado con los actores implicados e incluso ha dejado inmortalizarse en el momento del saludo con los agentes marroquíes a los que ha querido agradecer en persona su implicación en materia migratoria.
¿Importa Ceuta? Sí y mucho. Somos frontera sur de Europa por nuestra mera ubicación geográfica. Los esfuerzos que se hagan aquí se tienen que ver respaldados en Madrid y en Europa. De lo primero no cabe duda alguna, el ministro lo ha garantizado y ha mostrado un simbolismo tal que nadie puede poner en duda. De hecho ayer llegaron los refuerzos de GRS comprometidos para la Benemérita. Gradualmente vendrá el resto. De lo segundo, depende de cómo la UE afronte su necesaria implicación, dejándose de irresponsables manifestaciones como las hecha públicas por la comisaria de Interior, Cecilia Malström, acertadamente respondidas por el ministro.
Marruecos también está ahí. El “vecino” y “amigo” Marruecos, al que ayer se dirigió de forma constante el responsable de la cartera de Interior. Y lo hizo en agradecimiento, porque ha sido clave el trabajo en coordinación prestado por las fuerzas marroquíes para contener la entrada masiva de subsaharianos en una cifra que no podía asumir la ciudad y que, de haberse producido, habría causado serios problemas en la ciudad. ¿Se imaginan cómo podría asumir una ciudad de estas características la entrada por sorpresa de más de mil personas? El bloqueo hubiera sido total, así que no cabe más que mostrar agradecimiento a la labor responsable que está prestando el reino alauí.
Hoy Fernández Díaz marcha a Melilla, para visitar la otra frontera sur, la ciudad hermana, la misma que comparte problemáticas comunes y que está necesitada de visitas con mucha carga simbólica como la del ministro. Un ministro que no amenaza, que no se esconde, que habla claro y que es responsable. Lamentable que no obtenga respuestas a la misma altura de una oposición, la del PSOE, que sigue pensando que en materia migratoria caben juegos. Y no es así, tratándose de personas, de fronteras y de hambre solo vale la colaboración, la política de Estado. Que pena que no esté siendo así.





