Cuando la entonces ministra de Sanidad, Ana Mato, puso en marcha el conocido como copado farmacéutico hospitalario, nadie iba a pensar que al final de todos los millones que somos en nuestro país, los únicos que iban a pagar el mencionado copago eran los ceutíes y melillenses y todo porque somos quienes todavía dependemos del Ministerio
de Sanidad y más concretamente del Ingesa en materia sanitaria. El resto de las comunidades autónomas, incluidas las del Partido Popular, no pusieron en marcha la medida porque tenían capacidad al tener transferidas las competencias sanitarias. No es un editorial en defensa de la asunción de estas competencias, ni mucho menos, sino describir que fuimos los únicos paganos. Por ello, es lógico que el nuevo equipo de Sanidad, presidido por Alfonso Alonso, haya decidido suprimir este copago absolutamente inútil como se ha demostrado porque nadie, salvo para nosotros, lo estaba aplicando. Y más diferencias entre el resto de los españoles y Ceuta y Melilla no son lógicas, porque suficientes hay ya. Por tanto, aplaudir que impere la lógica en el nuevo equipo del Ministerio de Sanidad. Lo demás sería una discriminación como estaba sucediendo.
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