Lo que está pasando en la frontera es preocupante. No vale despachar el asunto diciendo que como es algo que está ocurriendo al otro lado, a nosotros no nos incumbe. Sabemos que no es así. Lo que pase al otro lado va a afectarnos de una u otra manera. De hecho ya nos está afectando. Pregunten la de negocios que tienen trabajadores transfronterizos contratados que amanecen cada mañana sin su trabajador, o las familias que también tienen otra persona en contrato con la que no pueden contar. Y esto sin aludir a los que residen en Marruecos porque así lo han preferido y entran a diario a Ceuta por negocios o trabajo. Todo depende de esa línea frágil porque la vida a uno y otro lado tiene mucho que ver con lo que pase en la frontera. Y hace tiempo, demasiado tiempo, que se está soportando una situación de tensión, de apuestas a ver quién gana, de fuerza llevada al extremo.
Todos los ciudadanos, de una u otra manera, nos vemos afectados por las situaciones de bloqueo como la ocurrida ayer. Las retenciones producen colas, las colas impiden el acceso a los vecinos de las barriadas, retarda la conexión con el Hospital, produce quejas entre los comerciantes, marca el destino turístico para la ciudad en sus miras hacia Marruecos... y sumen ustedes todos los efectos que quieran porque son muchos. Y todo ello sin mentar lo que ya sabemos: la seguridad.
Ayer la movilización de cientos de personas fue capaz de cerrar una frontera. Se plantaron, sacaron banderas, protestaron, acosaron a ocupantes de otros vehículos y causaron un auténtico caos fronterizo. Ellos, con sus protestas por el sistema de control impuesto en el paso, consiguieron bloquear la entrada y salida anulando cualquier tráfico durante horas. Desconozco a nivel ministerial cómo querrán denominar a lo que sucedió ayer, o si lo querrán relacionar con los demás episodios de tensión que se han sucedido en el espacio fronterizo, tampoco sé los informes que se estarán remitiendo y la fuerza de quienes son catalogados como enlaces con el vecino. La realidad, esa que nos escupe día tras día desde hace semanas una nueva inestabilidad, muestra una única conclusión: nada funciona, la fragilidad de la línea nos está avisando de lo que puede pasar, aunque todo dependerá del lado por el que termine rompiéndose.





