Categorías: Opinión

Una ley corta

Las banderillas son las banderillas; el pase natural, el pase natural; el volapié, el volapié, y la espantá, la espantá!, decía Rafael El Gallo. Y por eso la fraguada Ley de Transparencia debería llamarse de opacidad parcial.
Ningún partido político ha sido capaz de depurar responsabilidades por casos de corrupción, pero el Gobierno popular es el único que toma iniciativas, diferentes al griterío de portadas de opereta, para acabar con la corrupción, aunque éstas sean nimias. Estos populares, oxímoron de renovados antiguos políticos, tomaron nota del verdadero cáncer que asola a España, la corrupción, han puesto pies en polvorosa, se han lavado las manos con Bárcenas, y han comenzado a trabajar para fraguar una ley anticorruptelas que pretenden denominar Ley de Transparencia.
La ley tiene muchos detractores, los principales son la oposición izquierdista que ha boicoteado reiteradas veces su elaboración, y hay que tener en cuenta que cualquier institución que pretenda ocultar algo se opondrá a que sea una ley magnánima, de amplia envergadura, fácil practicidad y rápido cumplimiento. Y, en eso están los populares, en lidiar un toro gato con toreo de capote esperándolo a porta gayola como si fueran Joselito en lugar del PP que ganó las elecciones por mayoría absoluta.
Cuando se tiene una mayoría absoluta como la que tiene el Partido Popular, no se debe ejercer de rodillo, pero tampoco de tragaderas a tenor de no sé bien qué principio democrático. Si la naturaleza de la ley es la transparencia del Estado y sus diferentes gobiernos, todo debe estar sujeto a esta ley, no podemos andar con actitudes melindrosas y darle un tratamiento especial a la Casa del Rey, ni a las autonomías, ni al sursuncorda de turno.  A qué vienen ahora esas distinciones. ¿No se trata de un Estado de Derecho? Pues sujetemos al propio Estado a la ley, y no a los ciudadanos a la ley del Estado. El Partido Popular debe hacer efectiva su mayoría y, tras el diálogo, si no se llega a ningún acuerdo, aplicar lo que las urnas les han otorgado, la mayoría absoluta. No puede quedarse en agua de borrajas esos millones de votos que gritan, suspiran y se preguntan dónde está el Partido Popular. Que la prudencia es una virtud, pero la cobardía es un defecto, muy humano, pero defecto.
La futura ley de transparencia se sospecha corta en un país asolado por el cohecho, la prevaricación y la corrupción. Si de verdad se quiere acabar con la corrupción, primero apliquemos la ley actual,  luego elaboremos otras que obliguen a la transparencia de las administraciones y los gobernantes, sean cuales fueran; y sobre todo, elaboremos otra que impida el aforamiento de sus señorías para estos casos.
La obstaculización a la Justicia, ¿no es delito?

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