Buscar motivos de seguridad para oponerse a una expansión que necesita Ceuta, desde luego no parece lo más lógico en el caso del muro que separa desde hace decenios la zona de los almacenes portuarios de la barriada de la antigua Estación de Ferrocarril.
Esa obcecación por parte del Ministerio del Interior, alegando que se dificulta la vigilancia portuaria si se abre un nuevo vial es ponerle puertas al campo. Ceuta es una ciudad que tiene únicamente veinte kilómetros cuadrados y, desde luego, necesita ampliar sus horizontes y además buscar alternativas a su comercio.
Tengamos en cuenta que de un tiempo a esta parte, el margen izquierdo de la Avenida Cañonero Dato, desde la misma rotonda de Pepe Caballa hasta casi los pabellones de la antigua Junta del Puerto, se ha convertido en una de las zonas más comerciales de Ceuta, con visitas no solamente de los propios ceutíes sino de los turistas marroquíes que vienen a comprar. Es una continuación del propio Paseo del Revellín.
El objetivo que se había marcado la misma Ciudad Autónoma para esta zona se concreta no solamente en el derribo del muro, sino la construcción de un vial y ordenar urbanísticamente todo los almacenes para conseguir que haya más ofertas para los visitantes. Esta ciudad tiene demasiadas dificultades como para que haya quien nos ponga la bota en el cuello y encima haya que dar las gracias.





