Los pescadores de Ceuta pasan por un mal momento. Pésimo, el peor, sin duda, desde hace décadas.
La Cofradía de Ceuta agoniza en un callejón sin salida y a pesar de las insistentes llamadas de atención a las administraciones, poco se ha hecho para mejorar la situación de un sector que sobrevive muy a duras penas ante una competencia feroz marroquí, que llena los mostradores de los mercados y también la imposibilidad de exportar a la península, que hace que los pescadores ceutíes solo puedan descargar en la lonja ceutí.
Y los peores augurios parece que se van cumpliendo. La pesca terminará desapareciendo inexorablemente en una ciudad rodeada de mar por los cuatro costados, como le gusta decir al presidente Vivas, pero que no está siendo capaz de ayudar a un sector que en otras épocas fue muy importante para la economía. Los datos que ofrecemos hoy en la página 14 dan muestra de la dureza de una profesión con la que no se puede mantener hoy en día a una familia, y de hacerlo es a duras penas. Si un pescador gana de media al día 10 euros e invierte mil en el mantenimiento de su barco es evidente que las cuentas no salen. No se cubren ni los gastos.
La pesca se muere en Ceuta, cuando en el litoral próximo, ya sea en Marruecos o en el sur peninsular, es una actividad que recobra auge y en la que hay incluso relevo generacional, algo impensable en la actualidad en nuestra ciudad. Con este panorama, es normal que los pocos armadores y pescadores que sobreviven a la situación, apenas setenta, se sientan abandonados por las autoridades. El futuro de la pesca es negro. Mucho.





