Existe un grupo de amigos que todos los años organiza un viaje por alguna provincia, diferente cada vez, habiendo recorrido ya casi toda España. Lo que tiene este grupo en común, esencialmente, es que todos o casi todos estudiaron juntos en el Instituto de Ceuta. La mayoría pertenecen al curso de bachiller de los años 42/49 y que capitaneados por Eduardo Osuna Calleja desean e insisten en reunirse todos los años pese a estar dispersos por toda la península. Algunos otros, entre los que nos encontramos mi esposa y yo, no pertenecemos a dichos cursos sino a otros posteriores pero, en su día, fuimos amablemente invitados a incorporarnos al grupo donde nos integramos rápidamente.. Otra cosa que les une sobremanera es su amor a Ceuta y los gratos recuerdos de los años vividos en ella. Algunos son nacidos en esta ciudad y otros permanecieron durante varios años hasta que sus padres, por motivos profesionales, tuvieron que trasladarse a distintas ciudades de la península.
Eduardo Osuna es el principal artífice y coordinador de estos viajes con una iniciativa y un empuje propios que alucinan. Estudia y elige previamente un itinerario que luego suele recorrer personalmente seleccionando poblaciones, hoteles y restaurantes. Una vez que tiene confeccionado un programa, elige una fecha adecuada y es entonces cuando se pone en contacto con nosotros para todo aquel que pueda estar interesado.
Pues bien, entremos en el de este año, realizado en el mes de octubre y con destino a la bella y atractiva provincia de SORIA.
Los de Ceuta, llegamos a Atocha en el tren Talgo y una vez allí nos unimos al grupo que poco a poco fue formándose con los que, procedente de otras ciudades, iban llegando a Madrid. Una vez reunido el grupo completo, salimos en autocar hacia Guadalajara donde cenamos y pernoctamos, partiendo al día siguiente temprano hacia Soria, previa parada en Sigüenza la cual nos encantó, especialmente por su bella catedral mezcla de estilos románico, gótico y renacentista. Después de contemplar algún otro monumento, continuamos viaje hacia Soria en busca del Hotel que, desde entonces, sería nuestro Cuartel General. Desde allí saldríamos todos los días a primera hora con los diversos recorridos ya previstos y la realidad fue que volvíamos al atardecer entusiasmados llenos de historia y de tanta belleza.
No es mi deseo detallar, para no cansaros, todos los pormenores del viaje pero si destacar las poblaciones y lugares que, junto con Soria capital, tuvimos las suerte de visitar. El Burgo de Osma (con su conjunto histórico artístico), San Esteban de Gormaz (con su arte románico), Berlanga del Duero, Medinaceli, Vinuesa, Calatañazor, Tierra de Almazán situada al norte del Duero, De cualquier modo, toda Soria es ribera porque es cabecera de ríos y la liquidez la inunda de belleza.
En cuanto a historia también la denominan, a lomos de la épica, Las Tierras del Cid. Mitad historia y mitad leyenda, un hombre pena su destierro por las tierras sorianas desde hace novecientos años. De esas tierras surgió, de una forma un tanto anónima, el poema del Mío Cid.
De todos los lugares naturales que visitamos cabe destacar los Picos de Urbion y sobre todo, la Laguna Negra a la cual se puede acceder por Vinuesa. No se porque la llaman negra, cuando su color y paisaje es de un verde azulado.
En cuanto a monumentos y catedrales, a mi, personalmente lo que mas me atrajo fue la ermita de San Saturio (Patrón de Soria) construida sobre un roquedal con una cueva, junto al río Duero, donde vivió y murió el Santo y cuyo único acceso es a través de la entrada de la propia cueva. Es algo asombroso. Los restos del Santo se encuentran enterrados bajo el Altar Mayor de la Ermita, totalmente de estilo barroco.
En cuanto a la Soria verde, es indescriptible la cantidad de bosques que nos rodeó a lo largo de todo el recorrido durante nuestra estancia en la provincia. Con un poco de contrariedad, a todos nos sorprendió lo deshabitada que se encuentra. Pueblos con no más de un millar de habitantes dotados de enormes catedrales y colegiatas. Según el guía que tuvimos en Soria capital, la totalidad de la población en la provincia puede que no alcance los cien mil habitantes.
Por último y como colofón del viaje, estuvimos el penúltimo día en Santo Domingo de Silos (Burgos) donde tuvimos la suerte de poder asistir, por ser domingo, a una misa gregoriana celebrada en el Monasterio Benedictino, otra joya arquitectónica digna de ser admirada.
Después de contemplar tanta belleza, acompañados siempre de un tiempo esplendido, solo me queda aconsejaros, si me lo permitís, que vayáis alguna vez a ese trozo de nuestra España que, como tantos otros que no conocemos, merece la pena ser visitado.
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