Los Bomberos tuvieron que intervenir ayer en el CETI para sofocar lo que no pasó de ser un conato de incendio en una de las carpas que funcionan como módulos donde están acogidos los inmigrantes.
Afortunadamente no hubo que lamentar daños personales y las pérdidas materiales fueron muy reducidas. La rápida intervención de los profesionales que trabajan en esas instalaciones evitó que el suceso tuviera mayores consecuencias y facilitó la labor de los bomberos que acudieron inmediatamente al lugar. Tras media hora de trabajo, se pudo dar por sofocado el incendio.
El origen del fuego estuvo en un cortocircuito o en un cigarrillo que prendió un colchón. Las versiones difieren según respondan los efectivos del Servicio de Extinción de Incendios o responsables del CETI. En cualquier caso, sea una u otra la causa del incendio, lo cierto es que las circunstancias se volvieron a aliar ayer con los inmigrantes para evitar una tragedia. La hora en la que se produjo el suceso, sobre las tres y media de la tarde, evitó que las llamas sorprendieran a las personas alojadas en la tienda de campaña mientras dormían, como habría ocurrido se los hechos hubieran tenido lugar por la noche. Hay que tener en cuenta para imaginar la dimensión que habría tomado la tragedia en otras condiciones que ese módulo está habilitado para alojar a casi un centenar de personas en unas 20 o 30 literas.
Además, para valorar las dimensiones dramáticas que puede alcanzar un suceso de este tipo, hay que señalar que el CETI tiene la posibilidad para acoger un máximo de 480 personas, pero en la actualidad hay alojadas unas 1.200, lo que dobla con creces su capacidad.
El Gobierno central, después de aceptar finalmente que la sobreocupación que registra el CETI no es un hecho circunstancial, ha decidido emprender unas obras de acondicionamiento y ampliación que pongan fin a la saturación crónica que sufre durante los últimos años. La planificación, por lo tanto, ya existe, pero no es suficiente para acabar con este preocupante problema. Es necesario que los trabajos de mejora del CETI se materialicen. Mientras llega el momento en que por fin se pueda afirmar que estas instalaciones han ampliado su capacidad máxima, cada día que transcurre en las actuales condiciones supone un riesgo para las personas que están allí alojadas, entre las que se encuentran niños de todas las edades.
No tiene sentido que Melilla se proponga remediar por sí sola el grave problema de la inmigración. Sería imposible que llegara a conseguirlo, pero esa dificultad para afrontar el problema en su conjunto no puede ser justificación para cruzarse de brazos y dejar de aportar un granito de arena a la solución global.
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