El CETI acogió ayer el quinto cumpleaños de uno de sus residentes más jóvenes, que lo hizo acompañado de varias familias del centro.
Samir estuvo celebrando los cinco años como si hubiera nacido ayer. Como lo han hecho siempre los niños de su edad. “¿Y tú, cuántos años tiene?”. Samir preguntaba, pero realmente jugaba a explorar el entorno. Ayer el entorno era entero suyo, el mundo entero le pertenecía. Era el día de Samir.
El salón del CETI acogió ayer la fiesta de cumpleaños de Samir, argelino y residente en las dependencias del centro de estancia temporal desde hace nueve meses. Su madre lo miraba de cerca y observaba cómo bailaba como un poseso. Después sonrió sin hacerlo notar y cogió a Samir en sus brazos, como protegiéndolo de ese universo que ayer, verdaderamente, le perteneció por completo.
Se trataba de un acto familiar. En el CETI se aprovechan los aniversarios para hacer grupo. Lo importante es la confraternización y crear una gran piña intercultural. Y así lo hacía Samir casi sin proponérselo: bailando, corriendo, cantando, gritando y culebreando entre las piernas de los presentes.
“¿Para qué tienes ese cuaderno? Yo tengo uno entero en el colegio”, señalaba Samir mientras descansaba -fingía descansar- entre baile y baile. Todo valía ayer para Samir porque era su cumpleaños. Bebió refrescos y se zampó los bocadillos sin miramientos. Samir contó hasta cinco con los dedos mientras sonreía de esquina a esquina, pues también lo hacía por su madre.
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