La de ayer fue una jornada de limpieza improvisada y forzosa en la Joyería ‘Paco Rodríguez’. Primero porque difícilmente su propietario, ni su familia, imaginaban que en la tarde del miércoles iban a verse envueltos, a plena luz del día, en un atraco tan aparatoso que llegó a colapsar la Avenida de Regulares, en el barrio de Hadú.
También porque era obligatorio para intentar desprender del mobiliario y el resto del interior del local el rastro del gas pimienta que los ladrones utilizaron para atacar a sus dueños e intentar hacerse con un botín que, finalmente, se redujo prácticamente a la nada. De los tres delincuentes, uno ya está detenido. Francisco y su hijo Javier, ambos víctimas del suceso, y la esposa del primero se afanaban ayer en desincrustar con bayetas las manchas que atestiguaban lo ocurrido apenas un puñado de horas antes. “Mira, eso que parece sucio en el cristal es el gas”, mostraba el dueño del negocio señalando una de las vitrinas. Lo hacía desde la calle a rostro descubierto, porque dentro de la joyería era imposible permanecer sin protegerse con las mascarillas y las gafas que les proporcionaron los Bomberos y el personal sanitario que les atendió tras el atraco. Entrar sin ellas era arriesgarse a que una sensación de quemazón se agarrase con fuerza a ojos y garganta. Reabrir la joyería era también ayer misión imposible. Con los síntomas de esa agresiva sustancia sonrojando aún su rostro –tuvo que se atendido de urgencia en el ‘José Lafont’– Francisco reconstruía lo ocurrido. Recordaba como en torno a las 18:30 se encontraba, como cualquier otro día, atendiendo a una clienta habitual que le había pedido que le achicara un reloj. A partir de ahí, en apenas unos segundos, todo fue sorpresa y confusión. “Estaba con esa joven, mirando hacia abajo porque tenía el reloj en la mano, y de pronto entraron los tres atracadores. En nada, en unos segundos, me encontré con los gritos y los porrazos contra las vitrinas. Fue todo rapidísimo”, asegura. De esa escena fugaz retiene el momento en el que se topó, de frente, con un encapuchado, “vestido totalmente de negro”, que con una mano le apuntaba directamente con una pistola –la Policía sospecha que simulada– y con la otra comenzaba a rociar la habitación con una sustancia que resultaría ser gas pimienta. A escasos centímetros, uno de sus compinches la emprendía a golpes contra las vitrinas para hacerse con relojes y joyas. Un tercero completaba la escena, presumiblemente controlando el acceso. A partir de ahí, el episodio transcurre de forma fugaz. Francisco recuerda cómo perdió de vista a su hijo, que intentaba protegerse del gas arrojándose al suelo. La clienta, presa del pánico, había huido al interior de la joyería. El propietario, al grito de “dinero, dinero” de los ladrones, les entregó “un par de billetes del cambio que solemos tener”. Intentaba defenderse y ya había pulsado el botón antiatraco que conecta con una empresa de seguridad. Con el gas ya rociado en el interior, los delincuentes emprendieron la huida sin poder consumar el robo. Lo intentaron, pero en su estampida uno de ellos resbaló y perdió la mochila con los escasos objetos que había logrado tomar de los estantes y vitrinas. Entre ellos, dos relojes, dos pulseras de plata y un collar. “Yo no sé si al final se asustaron o qué ocurrió”, relataba ayer Francisco. Fuentes policiales especulaban ayer con la posibilidad de que la “chapuza” en la que se convirtió el desenlace del suceso estuviera provocada por el propio gas, que habría llegado a intoxicar incluso a los atracadores al no ir provistos de mascarillas para contrarrestar sus efectos. Sin poder soportarlo, optaron por abandonar. Dejaron el lugar a la carrera y se perdieron por la primera esquina, la que delimita un supermercado de la calle y la misma que habían doblado para llegar hasta la joyería minutos antes. Atravesaron las inmediaciones de Huerta Téllez, porque allí fue donde la Policía encontró las caretas, guantes y el resto de objetos de los que se desprendieron en la huida. Uno de ellos, un menor, ya ha sido detenido, según confirmaron fuentes policiales a El Faro. Las investigaciones para dar con los otros dos están también “muy avanzadas”. La grabación de la cámara de seguridad aportará más pruebas. El objetivo de hacerse con un cuantioso botín fue un fracaso. “Yo creo que esto les ha costado dinero. Se han gastado más en las caretas y el gas que en lo que hayan podido llevarse, que a falta de hacer recuento puede ser poquísimo o nada”, ironizaba ayer Francisco. Mientras esbozaba el relato no cesaba de recibir mensajes de ánimo de clientes y vecinos que transitaban por la Avenida Regulares, junto a la puerta del negocio que regenta desde hace 20 años. La empleada del comercio textil contiguo avisó al 112 y recuerda “un momento de gran confusión, con un gran estruendo, y al salir me topé con Francisco y su hijo intoxicadas y gente de la calle igual...”. “Todo ha sido un gran susto, pero bueno... esperemos que no haya otro hasta dentro de 20 años”, bromeaba Francisco antes de colocarse la mascarilla y seguir eliminando el gas.
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