El conflicto denominado “de Gaza”, alcanza múltiples espacios informativos, no por él en sí mismo, sino por la posibilidad que da a un gran número de personas el manifestar su antijudaísmo, yendo al rebufo de esos acontecimientos.
Por otra parte, un gran número de medios de comunicación, vertiendo toda su hiel en unos comentarios que denotan que han abandonado el noble ejercicio de su profesión de periodistas y se han convertido en unos meros “contables”, limitándose a relacionar los misiles, las bombas, los muertos, para una macabra estadística.
Pero en su afán de desfigurar la imagen de Israel ante la opinión pública, han dejado de realizar esa labor “contable” en los múltiples conflictos que, por cierto, no persiguen la defensa de sus ciudadanos, que es lo hace Israel. Basta citar Siria, Irak, Irán, Somalia, Eritrea, Argelia, Afganistán, etcétera. Países donde sólo el fanatismo islámico, el integrismo y la no aceptación del diferente, es causa para provocar masacres y atentados en mercados, escuelas, oficinas gubernamentales, etc., es decir, allí donde había una gran multitud de personas a las que causar mal, empleando armamento y municiones de una gran valor económico, mientras el pueblo se “muere de hambre”. Echo de menos que algún analista político se pronuncie sobre la base y los condicionamientos en que se están desarrollando todos esos tristes acontecimientos. En primer lugar, a los que viven bajo regímenes terroristas, corruptos y dictatoriales quiero manifestarles mi pesar por los fallecidos y mis deseos de recuperación a los heridos. Concretando en el llamado conflicto con “Gaza”, reitero que esa es efectivamente la correcta denominación, ya que en Cisjordania, pese a las dificultades de coexistencia, reina la cordura y la prosperidad entre los palestinos.
En un análisis en profundidad, encontramos: un estado democrático (Israel), se defiende de un grupo terrorista (Hamas) que en los últimos quince días ha lanzado hasta 3.253 misiles contra la población civil israelí, población con un Gobierno que cumple con su deber de defenderles. Y no sólo ha de quedar en esa visible y manifiesta acción terrorista sino en la más cruel, si cabe, de la construcción de túneles secretos, a más de 20 metros, para evitar posibles sonidos, en los que depositan motos para salir en territorio israelí, atentar, matar y, volver a los túneles que les sirven de base para provocar muertes. Por eso, la misión actual, de las fuerzas terrestres del Ejército israelí, tiene como fundamento la destrucción, no sólo de las rampas de misiles sino también de esos túneles.
Es muy triste que haya víctimas, pero más lo es que Hamas utilice a la población civil de escudo, instalando en escuelas y hospitales, bajo siglas internacionales, rampas de lanzamiento de misiles y en sus sótanos la entrada a los túneles.Si en Israel no se producen víctimas en ese número, aunque Hamas lance sus misiles y atente contra la población civil, es porque el Gobierno de Israel invierte gran parte de su presupuesto, en la construcción de refugios, así como en tecnología defensiva, para la seguridad de sus ciudadanos, ante las atrocidades de los terroristas de Hamas.
Quizás las cifras sean más graficas y ayuden a la opinión pública española a tener un verdadero conocimiento de la realidad: pues pongamos atención a los números: Cada túnel construido por Hamas, para efectuar actos terroristas contra la población civil de Israel, cuesta 3 millones de dólares y se han detectado, hasta hoy, 33, es decir, un gasto de 99 millones de dólares, no para mejorar la vida de sus habitantes sino para matar. Tres millones de dólares es el precio que tendrían 350 camiones con comida y enseres para que sus ciudadanos pudieran tener una vida más digna. Y con dicho importe los gazatíes podrían construir: 86 casas, 7 mezquitas, 6 escuelas y 19 centros médicos. Pero el mundo occidental sigue enviando subvenciones a Gaza, territorio que ya ha demostrado en qué las emplean.





